Pastores de familia


1578347021869-x-El evangelio ppal screenok

Conversamos con el P. Alexandre Awi Mello, Secretario del Dicasterio para Laicos, la Familia y la Vida

VER VIDEO


Programas anteriores


Dónde ver el Canal Orbe 21:

On line: Canal Orbe 21

Argentina: Cablevisión (digital) Señal 427 / Multicanal (digital) Señal 21 / DirecTv Señal 351 / TeleCentro (digital) Señal 709 / Aire Señal 21 / TeleRed (digital) Señal 22 / Claro TV Señal 524
España: Movistar + Señal 88
Chile: Movistar + Señal 446 / DirecTv Señal 351 / Claro TV Señal 33
Colombia: Movistar + Señal 446 / DirecTv Señal 351 / Claro TV Señal 900
Ecuador: Claro TV Señal 298
El Salvador: Claro TV Señal 430
Guatemala: Claro TV Señal 430
Honduras: Claro TV Señal 430
Nicaragua: Claro TV Señal 430
Paraguay: Claro TV Señal 96
Perú: Movistar + Señal 573 / DirecTv Señal 351 / Claro TV Señal 185
República Dominicana: Claro TV Señal 497

Venezuela: Movistar + Señal 446 / DirecTv Señal 351


La luz brilla en las tinieblas

II Navidad A

Juan 1,1-18.

Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron.

Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino el testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios.

Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él, al declarar: «Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo».

De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia:porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.


hom

ESCUCHAR HOMILÍA:


 

Reflexión personal

Un texto inmenso. Misterioso. Inagotable. Ante estas frases solo se puede hacer una cosa: volver a leer. Una y otra vez. Repetir. Meditar. En el lenguaje bíblico “meditar” quiere decir “repetir”. A medida que vamos repitiendo la lectura el texto nos va entregando su contenido, aquello que nos quiere decir.

Que nos quiere decir ¿quién? ¿Quién es el que habla? Las palabras se nos presentan como escritas por “Juan” pero cuando las leemos suenan en nosotros con nuestra propia voz y despiertan en nuestro interior otra voz. Una voz que pregunta, que sugiere respuestas, que invita al silencio. ¿De quién es esa voz que me pregunta, me sugiere, me silencia?

Al leer el texto esas palabras penetran en mí, se hacen carne, ya no están solo en el libro, y al entrar en mí comienza a sonar esa otra voz, la mía, que se pregunta, se asombra, quiere entender sin reducir lo escuchado a su escasa capacidad de comprensión; quiere entender sin reducir lo que se dice, sin disminuir el misterio para convertirlo en “un problema”, en algo que no se entiende. Y no quiere reducirlo a algo que no entiende porque sí entiende. Adivina una luz. Solo que no sabe decir lo que entiende ni explicarse por qué eso que no puede decir sin embargo ilumina. Volver a leer. Meditar. Silencio.

Sí, esto se entiende: la Palabra contiene luz. Sí, esa luz brilla en unas tinieblas que no logran expresarla, mis tinieblas. Sí, ella viene a alguien que es suyo y que por eso es capaz de entender que no entiende. Y ya eso es mucho.

La Palabra viene para ser recibida, no explicada. Recibirla es confiar en ella. Confiar es nacer, no de la sangre, ni de la carne, ni de la voluntad del hombre. No se sabe cómo pero algo nace. ¿Nace la sensación de ser hijo-hermano? ¿Hijo-hermano de esa Palabra? Silencio. Y ya eso es demasiado.

Señor, ¿cómo conocerte sin hacerte pequeño?

Sí, la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.

J.O.


 

 

«Toma al niño y a su madre y huye»

Sagrada Familia A

Mateo 2,13-15.19-23.

Después de la partida de los magos, el Angel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».

José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto.

Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: Desde Egipto llamé a mi hijo.

Cuando murió Herodes, el Angel del Señor se apareció en sueños a José, que estaba en Egipto,

y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, y regresa a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño».

José se levantó, tomó al niño y a su madre, y entró en la tierra de Israel.

Pero al saber que Arquelao reinaba en Judea, en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, advertido en sueños, se retiró a la región de Galilea,

donde se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo que había sido anunciado por los profetas: Será llamado Nazareno.

pred

ESCUCHAR HOMILÍA:


 

Para que la Noche sea Buena

En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: 11 Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador (Lc 2,8)

pred

ESCUCHAR HOMILÍA:


 

Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre

Navidad

Lucas 2, 1-14

 

En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen.

José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada.

Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue.

En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre».

Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!».


Lucas en su Evangelio dice que Jesús nació cuando en Roma gobierna Augusto, cuando en Siria gobierna Quirino, cuando en todo el imperio se realiza un censo; o sea que se trata de un nacimiento real ocurrido en un momento histórico. Lucas ubica ese acontecimiento en un tiempo y un lugar concretos porque escribe a personas que viven en la cultura griega y que están acostumbradas a oír relatos de dioses que nacen y mueren. Lo que el evangelista dice es que el nacimiento de Jesús no es una fábula, un mito, una leyenda; al poner los acontecimientos relatados en un tiempo y un espacio los presenta como un hecho histórico ocurrido en un tiempo y en un lugar concretos.

Dos mil años después esa manera de hablar de San Lucas adquiere una nueva importancia y tiene una sorprendente actualidad. En nuestros días la Navidad se ha vaciado de referencias históricas. En el lugar del pesebre encontramos a Papá Noel y a otros personajes imaginarios (enanitos, duendes, gnomos, etc.); en otras palabras: reemplazamos el acontecimiento más importante de la historia de la humanidad por fábulas o leyendas imaginarias. Continuar leyendo «Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre»

Dios se construye una casa

Preparando la Navidad

Esa noche le fue dirigida a Natán la palabra de Yavé: «Le dirás a mi servidor David: Esto dice Yavé: ¿Así que tú me vas a construir una casa para que habite en ella? Desde el día en que saqué a los israelitas de Egipto hasta el día de hoy, no he tenido casa donde morar, sino que estaba con ellos y tenía como morada sólo una tienda … Y Yavé te manda a decir esto: Yo te construiré una casa. (2 Sam. 7,5)

 

ESCUCHAR HOMILÍA:

 

José, no temas

HOMILÍA IV DOMINGO ADVIENTO

Mt 1, 18-24

Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta:

La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros».

Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa, y sin que hubieran hecho vida en común, ella dio a luz un hijo, y él le puso el nombre de Jesús.

ESCUCHAR AUDIO HOMILÍA:

AUDIO


 

Nada es imposible

20 DICIEMBRE 2019

Lucas 1,26-38.

El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.

El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo».

Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».

María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?».

El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios».

María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho». Y el Ángel se alejó.

ESCUCHAR AUDIO HOMILÍA:


 

Dios con nosotros

Adviento IV A

Mt 1, 18-24

Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta:

La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros».

Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa, y sin que hubieran hecho vida en común, ella dio a luz un hijo, y él le puso el nombre de Jesús.


Hace tres semanas, en el primer domingo de Adviento escuchamos la pregunta de Dios “¿dónde estás?” Él quiere saber dónde estamos porque quiere estar con nosotros. En el segundo domingo contemplamos a María recibiendo la visita del ángel que le dice “alégrate”, “no temas”; y escuchamos que el ángel le decía porqué ella debe alegrarse y no temer: porque Dios está cerca, “el Señor está contigo”. Una vez más se nos habla de la proximidad de ese Dios que está constantemente viniendo a nuestro encuentro. En el domingo siguiente veíamos a Juan el Bautista desconcertado y sin comprender al Maestro: “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?” Jesús le hace ver los signos que ya están delante de él, si mira esos signos descubre la proximidad de Dios. Juan debe cambiar su manera de mirar para descubrir la presencia del Salvador.

Cada uno de los textos de este Adviento nos habla de maneras diferentes de un Dios cercano que viene a nosotros y que debemos aprender a descubrir en los signos que nos rodean. Continuar leyendo «Dios con nosotros»

El hombre más grande

Adviento III A

Mt 11, 2-11

Juan el Bautista oyó hablar en la cárcel de las obras de Cristo, y mandó a dos de sus discípulos para preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?».

Jesús les respondió: «Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres. ¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de tropiezo!».

Mientras los enviados de Juan se retiraban, Jesús empezó a hablar de él a la multitud, diciendo: ¿Qué fueron a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué fueron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que se visten de esa manera viven en los palacios de los reyes. ¿Qué fueron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta. Él es aquel de quien está escrito:

Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él.


 

El evangelio, en varios momentos, nos muestra personajes sacudidos por una fuerte tormenta. Uno de ellos es Juan el Bautista cuando está preso y a punto de morir. Juan está desconcertado. La magnitud de su dolor y confusión es evidente en la pregunta que le envía al Señor a través de unos mensajeros: ¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro? El hombre más grande nacido de mujer ¡está dudando!

Aquél que había “saltado de gozo” en el seno de su madre Isabel ante la proximidad de Jesús, se encuentra ahora en la soledad de la cárcel, ve aproximarse el final de su vida y no comprende al Maestro. Parece que nada de lo prometido se cumple, todo está a punto de terminar en un fracaso. Los enemigos de Israel son cada vez más poderosos y Jesús no está actuando como él esperaba. Realmente ¿era ése el que tenía que venir?

Jesús no le manda decir: «Tranquilo, yo soy el Mesías». Esa respuesta era inútil para alguien que estaba confuso, no eliminaba la duda, sólo la trasladaba a una nueva pregunta: “¿Dirá la verdad cuando dice que es el Mesías?”. El Maestro utiliza otra forma de respuesta y dice a los enviados: «Vayan a contar a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los paralíticos caminan, los leprosos son purificados y los sordos oyen, los muertos resucitan, la Buena Noticia es anunciada a los pobres”. ¿Por qué responde así?

Jesús sabía que Juan conocía perfectamente los signos que acompañarían la llegada del Mesías, y entonces le muestra que eso está ocurriendo y deja que él en su corazón diga: «Sí, éste es el que debía venir». No le dice: “Hay que tener fe”; lo ayuda a creer, a recorrer un camino interior que le permite descubrir en sí mismo una respuesta. Así hace con nosotros. Nos muestra signos y deja que, mirando esos signos, encontremos en nuestro corazón una respuesta y digamos como Juan, desde lo más hondo de nosotros mismos: «Sí, es él».

También Juan debe convertirse, cambiar su manera de mirar la realidad, de mirar al Señor y de mirarse a sí mismo. Para recibir al Señor que viene en la Navidad algo tenemos que cambiar en nuestra vida. Pero no hay nada que temer, esos cambios son portadores de una nueva vida.