El síndrome (y el mensaje) de las Iglesias vacías

El síndrome (y el mensaje) de las Iglesias vacías

-AUDIO-


Jorge Oesterheld

Texto publicado en la revista Vida Nueva, España, número 3.149


Introducción

¿Por qué «un síndrome»?

Especialmente en los países de tradiciones cristianas el abandono de las denominadas “prácticas religiosas” ha adquirido en la actualidad las características de un hecho masivo y que no resulta fácil de comprender ni de explicar. ¿Cómo reaccionan en las instituciones religiosas ante esta situación?


Quejas y lamentos

Especialmente en los países de tradiciones cristianas el abandono de las denominadas “prácticas religiosas” ha adquirido en la actualidad las características de un hecho masivo y que no resulta fácil de comprender ni de explicar ¿Cómo reaccionan en las instituciones religiosas ante esta situación?


Cambiar las preguntas

El primer paso en este nuevo camino podría ser dejar de mirar lo que hacen o dejan de hacer los que frecuentan las iglesias y abandonar esa decadente literatura de la queja y la autocompasión. Se puede mirar en otra dirección: comenzar a interesarse por dónde se encuentran los que se fueron e ir hacia ellos y preguntarles cómo están.


Los que no están

También deberíamos considerar que si un hijo abandona la casa y nadie lo busca, entonces es probable que tuviera buenas razones para alejarse. Si su ausencia no importa lo suficiente como para salir en su búsqueda es evidente que nadie valoraba su presencia y que, por lo tanto, ya no tenía sitio en esa casa. ¿Es eso lo que nos inquieta o solo nos conmueve ver los bancos vacíos de las iglesias?


La cuestión de fondo

“Los hombres de nuestro tiempo se hacen cada vez más conscientes de la dignidad de la persona humana, y aumenta el número de aquellos que exigen que los hombres en su actuación gocen y usen del propio criterio y libertad responsables, guiados por la conciencia del deber y no movidos por la coacción” (Declaración Dignitatis Humanae 1)


¿Dónde está Dios?

Las iglesias vacías y las vidas de quienes lejos de ellas buscan a Dios como pueden, siguiendo la voz de sus conciencias, amplían hasta dimensiones insospechadas la belleza del anuncio cristiano. Sí, el Señor está presente en la eucaristía y actúa en los sacramentos, pero no solo allí. Esto último, “no solo allí”, no es una mala noticia, no empaña la frase anterior, al contrario, le confiere más belleza.


Mirar de nuevo

Quizás se esconde en las iglesias vacías ese mensaje que nos permita ver de nuevo. La iglesia, con sus imágenes, su altar, sus bancos, sus paredes y ventanas, es la misma de siempre pero puedo verla de nuevo si comprendo porqué está más vacía sin que ni el cura, ni nadie, haya hecho algo malo. La ciudad, el pueblo, las casas, las familias, los amigos y los conocidos que “no pisan una iglesia”, también pueden ser vistos de nuevo, si somos capaces de ver en ellos a quienes buscan como pueden al Maestro.