¡El Papa Francisco ha escrito en Vida Nueva!

¡El Papa Francisco ha escrito en Vida Nueva! Todos aquellos que de una manera u otra colaboramos para que esta querida publicación llegue semana a semana a sus lectores estamos muy emocionados. Nuestro director, José Beltrán, me ha pedido que escriba brevemente una reflexión sobre dos citas que hace Francisco en su texto. Comparto con ustedes mi pequeño aporte a este número histórico en la vida de Vida Nueva:Imagen 17-4-20 a las 03.39

Los invito a leer todo el contenido de la revista  haciendo click aquí:

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Para que la Noche sea Buena

En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: 11 Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador (Lc 2,8)

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Monseñor Hesayne: una voz desde la periferia

MiguelEstebanHesayne-300x129Ahora que Monseñor Miguel Esteban Hesayne ha partido hacia la casa del Padre, se escuchan voces cargadas de elogios hacia su figura y su pensamiento, pero no fue así a lo largo de su larga vida.

Su compromiso con una Iglesia pobre y para los pobres lo fue relegando hacia la periferia de la institución y lo fue transformando, quizás a su pesar, más en un profeta que en un pastor. Pero él supo asumir con humildad ese sitio y desde ahí mantener su coherencia y valentía.

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La Pastoral de la Comunicación y el fenómeno del clericalismo

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«Si hacia adentro de la comunidad eclesial se establece una comunicación enferma de secretismos y manipulaciones (clericalismo), la comunicación con la sociedad padecerá esos mismos males. Si se logra una comunicación transparente en las comunidades la presencia en la sociedad también será igualmente clara y la evangelización eficaz».

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La noche y los signos

La oscuridad de la noche no se disipa con argumentos sensatos. La noche en la que comienza la celebración de la Pascua se transforma con un poema y con la luz de un cirio, no con un discurso:

En esta noche de gracia,
acepta, Padre Santo,
el sacrificio vespertino de esta llama,
que la Santa Iglesia te ofrece
en la solemne ofrenda de este cirio,
obra de las abejas.

Desde el principio el anuncio de la resurrección se realiza a través de señales. Signos simples, concretos: agua, pan, vino, la vacilante luz de una vela…; signos y palabras que con su sencillez revelan misterios inexpresables en conceptos y forman un nuevo lenguaje que atravesará los siglos con su mensaje. 

Ese cirio, que “aunque distribuye su luz, no mengua al repartirla”, será el que transforma esa noche y todas las noches:

Sabemos ya lo que anuncia 
esta columna de fuego,
ardiendo en llama viva para la gloria de Dios.

Y aunque distribuye su luz,
no mengua al repartirla,
porque se alimenta de cera fundida,
que elaboró la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.

¡Qué noche tan dichosa
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano con lo divino!

Que el lucero matutino lo encuentre ardiendo, 
Oh lucero que no conoce ocaso y es Cristo, 
tu Hijo resucitado, 
que volviendo del abismo, 
brilla sereno para el linaje humano, 
y vive y reina por los siglos de los siglos.

“Oh lucero que no conoce ocaso y es Cristo…”-Serán ese lenguaje poético y esos signos a la vez misteriosos y transparentes, los portadores de aquella locura expresada en el mensaje de la Cruz.

 

FRAGMENTO DEL LIBRO «Caminar juntos», Jorge Oesterheld

La cruz

Pablo dice a los Corintios que él ha sido enviado “a anunciar la Buena Noticia, y esto sin recurrir a la elocuencia humana, para que la Cruz de Cristo no pierda su eficacia”.

Como ya vimos, al Apóstol no le alcanzan las palabras para expresarse y prefiere que sus razonamientos suenen a una “locura” antes que traicionar el mensaje que contiene esa Cruz. No quiere hablar de la resurrección sin hablar de la Cruz porque es esa muerte ignominiosa de Jesús la que le da a la resurrección su fuerza, la que inserta ese acontecimiento en la historia del pueblo de Israel y de toda la humidad. Es la Cruz aquello que evita que el mensaje de la resurrección se iguale a tantos otros relatos mitológicos que hablan de la vida después de la muerte.

Muy lentamente se va convirtiendo el signo de la Cruz en el gran signo que identifica a las comunidades que caminan junto al Maestro. En los primeros tiempos, varios siglos, esa imagen era demasiado dura y difícil de aceptar ¿cómo reunir a la comunidad en torno a esa figura que resulta dolorosa hasta el extremo de la repugnancia? Paulatinamente la Iglesia va descubriendo que ese signo es completado por la presencia de la comunidad reunida para celebrar la resurrección de aquél que de esa manera ha muerto. La comunidad reunida en torno a la Cruz y celebrando la resurrección de aquel que allí se desangra hasta morir, se convierte desde entonces en el gran signo vivo que expresa el misterio.

Las cruces que se encuentran en las iglesias cristianas, aquellas que podemos ver en las paredes de nuestras casas o las que pueden colgar del cuello o fijarse en una prenda de vestir, no son adornos. La Cruz es un signo que nos invita a continuar contando esa historia hasta completarla. Junto a una cruz estamos apremiados a mostrar con nuestra vida de qué manera ese crucificado está vivo.

Solo la noche “conoció el momento en que Cristo resucitó del abismo”, y solo desde nuestras noches podemos hablar de la resurrección del crucificado. Ese es el signo, el signo vivo: la vida del cristiano que proclama la resurrección desde su noche. Puede ser la noche de la enfermedad o del exilio; de la guerra o del hambre; del terror o la injusticia; desde muchas noches, desde todas las noches, desde la noche de cada corazón puede completarse esa historia que se comienza a narrar en cada cruz.

 

FRAGMENTO DEL LIBRO «Caminar juntos», Jorge Oesterheld