¿Nadie está conforme y contento con la Iglesia?

491bbd009a746f90999e6d96c53cfe05Vivimos en el mundo y en la Iglesia tiempos turbulentos. Las preocupaciones e inquietudes son legítimas y no se solucionan con frases piadosas aunque sean verdaderas. “Hay que rezar mucho”, “hay que tener confianza”, “Dios nunca nos abandona”. Sí, todo eso es así, pero también es legítima la preocupación y el temor del momento. Nuestra fe es una fe encarnada en la historia y en la vida concreta y no se solucionan los problemas huyendo de ellos, también hay que saber vivirlos para superarlos.

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San Agustín, Confesiones

SanAgustin.JPG“Y ¿qué es lo que amo cuando yo te amo? No belleza de cuerpo ni hermosura de tiempo, no blancura de luz, tan amable a estos ojos terrenos; no dulces melodías de toda clase de cantilenas, no fragancia de flores, de ungüentos y de aromas; no manás ni mieles, no miembros gratos a los abrazos de la carne: nada de esto amo cuando amo a mi Dios.

Y, sin embargo, amo cierta luz, y cierta voz, y cierta fragancia, y cierto alimento, y cierto abrazo, cuando amo a mi Dios, luz, voz, fragancia, alimento y abrazo del hombre mío interior, donde resplandece a mi alma lo que no se consume comiendo, y se adhiere lo que la saciedad no separa. Esto es lo que amo cuando amo a mi Dios.

Fragmento de: San Agustín. “Confesiones”. Libro decimo. Apple Books.

Los sospechosos de ahora

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«En ese mismo mundo secularizado en el que se había instalado como una verdad -obvia e indiscutible- la concepción de que la religión era un fenómeno en extinción que expresaba la ignorancia de épocas remotas, las religiones gozan hoy de una notable vitalidad, y las búsquedas espirituales son un fenómeno de dimensiones planetarias.»

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Soplar sobre la herida

Fragmento de mi libro Soplar sobre la herida

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Capítulo dos

Puerto Argentino

El alojamiento era en una posada en la que había que compartir las habitaciones y éramos todos muy distintos. Personas completamente diferentes que teníamos que poner en común, por unos días, realidades muy profundas de nuestras vidas en un contexto extraño y cargado de significaciones. Eran más o menos las cuatro de la mañana y llegábamos silenciosos a esa pequeña ciudad de casas de colores. El cielo estaba lleno de nubes pero se notaba la luz, en ese confín de la tierra en verano casi no hay noche. El viento, siempre presente, nos seguía a todas partes.

Pese a las dificultades la actitud de todos fue excelente. Mi sensación era de sorpresa. Pensaba que la convivencia sería más difícil. Todavía no había aprendido algo que me enseñarían esos días: a distinguir para siempre en mi vida el sufrimiento de las quejas. Los que sufren en serio se quejan poco. Cuando se llega al lugar donde la guerra realmente estuvo y con personas en las que ese dolor aún vive, importan poco la falta de baño, la puerta rota, el espacio reducido. Los dueños del lugar fueron amables, para ellos tampoco era fácil. Los miedos sobre una recepción hostil seguían diluyéndose.

Apenas dormí un par de horas y salí a caminar. Serían las siete de la mañana, a las ocho había que desayunar y a las nueve salir hacia el cementerio de Darwin. Caminaba solo. En realidad estaba solo por primera vez después de muchísimo tiempo. Para ser sincero me parecía que hacía un siglo que no tenía un minuto de intimidad. Para mí son importantes los tiempos de soledad y estar siempre con gente me agobia un poco. No había un alma en la calle. Mucho viento y mucho frío. Instintivamente caminé hacia el mar que estaba a una cuadra. Tenía ganas de llorar y no sabía por qué. “Dios mío, ¿qué hago acá?”

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Un tiempo para recoger piedras

 

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«Gobiernos de grandes naciones tambalean, el Amazonas se incendia, los océanos agitan montañas de plástico, multitudes emigran huyendo del hambre y las guerras … la lista de desasosiegos puede ser muy larga y la tentación de arrojar piedras puede ser muy fuerte. El individualismo desenfrenado que, hasta hace poco nos empujaba a unos contra otros incitándonos a ocupar los primeros lugares en la sociedad, ahora nos urge a ocupar los primeros lugares en los botes salvavidas.»

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Hablar y escuchar sin prejuicios

LA NACION | Opinión

«Las instituciones religiosas ya no pueden representar aquel papel que las sociedades les atribuyeron, o que ellas mismas se adjudicaron, de ser las conciencias de los pueblos o supuestas «reservas morales». Nadie puede ni debe pretender ocupar ese lugar, pero eso no implica que las instituciones religiosas carezcan de un papel por desempeñar.»

Jorge Oesterheld – José Ignacio Lopez

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https://www.lanacion.com.ar/opinion/columnistas/hablar-y-escuchar-sin-prejuicios-nid2279359

La palabra está cerca

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«El amor como se lo entiende en los Evangelios tiene poco en común con acalorados romanticismos. En los labios del Maestro de Galilea, amar es el valor de dar muerte al propio egocentrismo, es la capacidad de olvidarse de uno mismo, de salir de sí y abrirse a los demás».

¿A dónde van los que se van?

«No es lo mismo preguntarse por qué las iglesias se vacían que preguntarse dónde están los que no están. Tampoco sirve quedarse buscando culpas propias o ajenas mientras se contempla las iglesias semivacías. Si verdaderamente me duele la situación la urgencia es otra: ¿dónde están?»

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