El sembrador

«El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron.Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta.

¡El que tenga oídos, que oiga!»

Mt. 13, 1-23

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Nuevamente Misa con todos

En nuestra parroquia del Señor de los Milagros, en Morón, he celebrado la misa en este quinto domingo de cuaresma, solo y con todos.

Recordemos que Jesús no nos abandona, no está en cuarentena, está con nosotros, está a nuestro lado, está en nuestro corazón.

Se puede participar de la misa de muchas manera por la televisión y las redes. Lo más importante es que el Señor no sólo está en los sacramentos, está en nuestro corazón y nos habla, nos consuela y nos da su paz en todo momento.

Para estar un poco más cerca de todos y para sentirlos más cerca, les comparto el audio de esta celebración eucarística solitaria y comunitaria a la vez:


 

Amen a sus enemigos

DOMINGO VII A

Mateo 5,38-48.

Jesús, dijo a sus discípulos:

Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra.

Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él.

Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.

Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.

Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos?

Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?

Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.


 

pred

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Ustedes son la luz

V DOMINGO A

Mateo 5,13-16.

Jesús dijo a sus discípulos:

Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña.

Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.

Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.


pred

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La Palabra de Dios

III DOMINGO A

Mateo 4,12-23

Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:

¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz.

A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca».

Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores.

Entonces les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres».

Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.

Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó.

Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.

Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente.


pred

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El cordero de Dios

II Domingo A

Juan 1,29-34.

Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 
A él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo. 
Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel». 
Y Juan dio este testimonio: «He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él. 
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo’. 
Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios».


pred

 

 

 

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La luz brilla en las tinieblas

II Navidad A

Juan 1,1-18.

Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron.

Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino el testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios.

Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él, al declarar: «Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo».

De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia:porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.


hom

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Reflexión personal

Un texto inmenso. Misterioso. Inagotable. Ante estas frases solo se puede hacer una cosa: volver a leer. Una y otra vez. Repetir. Meditar. En el lenguaje bíblico “meditar” quiere decir “repetir”. A medida que vamos repitiendo la lectura el texto nos va entregando su contenido, aquello que nos quiere decir.

Que nos quiere decir ¿quién? ¿Quién es el que habla? Las palabras se nos presentan como escritas por “Juan” pero cuando las leemos suenan en nosotros con nuestra propia voz y despiertan en nuestro interior otra voz. Una voz que pregunta, que sugiere respuestas, que invita al silencio. ¿De quién es esa voz que me pregunta, me sugiere, me silencia?

Al leer el texto esas palabras penetran en mí, se hacen carne, ya no están solo en el libro, y al entrar en mí comienza a sonar esa otra voz, la mía, que se pregunta, se asombra, quiere entender sin reducir lo escuchado a su escasa capacidad de comprensión; quiere entender sin reducir lo que se dice, sin disminuir el misterio para convertirlo en “un problema”, en algo que no se entiende. Y no quiere reducirlo a algo que no entiende porque sí entiende. Adivina una luz. Solo que no sabe decir lo que entiende ni explicarse por qué eso que no puede decir sin embargo ilumina. Volver a leer. Meditar. Silencio.

Sí, esto se entiende: la Palabra contiene luz. Sí, esa luz brilla en unas tinieblas que no logran expresarla, mis tinieblas. Sí, ella viene a alguien que es suyo y que por eso es capaz de entender que no entiende. Y ya eso es mucho.

La Palabra viene para ser recibida, no explicada. Recibirla es confiar en ella. Confiar es nacer, no de la sangre, ni de la carne, ni de la voluntad del hombre. No se sabe cómo pero algo nace. ¿Nace la sensación de ser hijo-hermano? ¿Hijo-hermano de esa Palabra? Silencio. Y ya eso es demasiado.

Señor, ¿cómo conocerte sin hacerte pequeño?

Sí, la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.

J.O.