Estar a solas

Imagen 1Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para esta a solas.

Mateo 14, 13-21


“Al enterarse de eso”, ¿de qué se había enterado? El texto se refiere al asesinato de Juan el Bautista. Entonces, en ese momento, Jesús necesita estar a solas. Esta breve frase nos muestra en el Señor algo conmovedoramente humano: la perplejidad, el cansancio, la necesidad de recuperar fuerzas. No es solamente el cansancio físico sino el anímico. Todos lo hemos experimentado: hay noticias que nos empujan a la soledad; hay días y tiempos en los que se siente una fuerte necesidad de estar solo.

Después, cuando llega la gente, Él está nuevamente disponible; pero es importante observar esa necesidad de soledad en Jesús, una necesidad que comprendemos, sabemos lo que se siente. Quizás observando esto en Él nos resulte más fácil aceptarlo en nosotros.

Continuar leyendo «Estar a solas»

Atentos y sin miedo

Fearless-girlDOMINGO XIX C

Lc 12, 32-48

Jesús dijo a sus discípulos: “No temas, pequeño rebaño, porque el Padre ha querido darles el Reino. Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla. Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón.

Estén preparados, ceñidas las vestiduras y con las lámparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta. ¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá́ su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlos. ¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así!

Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada”.

Pedro preguntó entonces: “Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?”. El Señor le dijo: “¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno? ¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentra ocupado en este trabajo! Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si este servidor piensa: ‘Mi señor tardará en llegar’, y se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse, su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles. Continuar leyendo «Atentos y sin miedo»

Con mi dinero hago lo que quiero

riquezas-vaticano

DOMINGO XVIII C

Mt 5, 3

Uno de la multitud dijo al Señor: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”. Jesús le respondió́:“Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?”.

Después les dijo: “Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas”.

Les dijo entonces una parábola: “Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: ‘¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha’. Después pensó́: ‘Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré́ otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida’. Pero Dios le dijo: ‘Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?’. Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios”.


“Con mi dinero hago lo que quiero”. Se trata de una frase bastante común que es repetida sin mucha conciencia de lo que se está diciendo. Poco a poco se ha convertido en una creencia generalizada e incluso muchas personas honestas y generosas la repiten convencidas de estar diciendo algo razonable y hasta obvio. De ninguna manera se trata de una obviedad, tener dinero, mucho o poco, es siempre en primer lugar una responsabilidad. Y habría que agregar: una grave responsabilidad.

El texto bíblico nos recuerda una parábola de Jesús en la que se nos presenta a un personaje que ha acumulado una fortuna. No se trata de alguien que se ha apropiado del dinero perjudicando a otros sino de un hombre rico “cuyas tierras habían producido mucho”. Por lo tanto es dinero honestamente ganado. El hombre decide gastarlo todo en sí mismo y eso lo convierte en un “pobre hombre” aunque se trate de un “hombre rico”. “Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí” dice Jesús en la parábola. No es necesario leer el texto interpretándolo al pie de la letra, no importa si esa noche ese hombre se muere o no, lo cierto es que al relacionarse así con su riqueza “ya está muerto”.

Continuar leyendo «Con mi dinero hago lo que quiero»

Aprender a rezar

tn_maniDOMINGO XVII C

Lc 11, 1-13

Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, ensénanos a orar, así como Juan ensenó a sus discípulos”.

Él les dijo entonces: “Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino; danos cada día nuestro pan cotidiano; perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación”.

Jesús agregó: “Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: ‘Amigo, préstame tres panes, porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle’, y desde adentro él le responde: ‘No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos’. Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará́ todo lo necesario.

También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide recibe; el que busca encuentra; y al que llama, se le abrirá. ¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una serpiente cuando le pide un pescado? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!”.


“Jesús estaba orando”, no deberíamos pasar rápidamente por encima de esas palabras. Él, el Señor y el Maestro, dedicaba tiempos largos y especiales para la oración. En muchas ocasiones los evangelistas nos informan que Jesús detenía sus actividades y se ponía a orar. El Señor no hacía lo que muchas veces hacemos nosotros: reemplazar la oración por otras actividades que también nos ponen en contacto con Dios pero que no son propiamente “oración”. Las buenas obras, las lecturas espirituales, los momentos de silencio, las peregrinaciones, los retiros espirituales, y muchas otras actividades, son muy buenas y necesarias pero además necesitamos rezar. Al menos Jesús, que todo lo hacía bien, además oraba.

El texto también nos sugiere que el Señor oraba de una manera especial. Viendo como Jesús oraba es que nace en los discípulos la inquietud de pedirle que les enseñe a rezar. Además recuerdan que Juan el Bautista también enseñaba a rezar. Aquí hay una pista importante para tener en cuenta: con sus preguntas los discípulos nos muestran que existen diferentes maneras de rezar y que ellos quieren conocer cual es la de Jesús para imitarlo, para rezar como él. Y además el texto nos transmite algo muy importante: rezar es algo que hay que aprender a hacer. Resumiendo: sabiendo que hay diferentes maneras de orar los discípulos quieren aprender a orar de una determinada manera, de esa manera que tenía Jesús de orar.

Continuar leyendo «Aprender a rezar»

La palabra está cerca

papa-francesco-indice-la-giornata-mondiale-dei-poveri-2017-e1517067258266-1-755x310

«El amor como se lo entiende en los Evangelios tiene poco en común con acalorados romanticismos. En los labios del Maestro de Galilea, amar es el valor de dar muerte al propio egocentrismo, es la capacidad de olvidarse de uno mismo, de salir de sí y abrirse a los demás».