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María, la que dijo «sí»

Los pastores fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores. Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.

Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido. Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Angel antes de su concepción.

Lc 2, 16-21


Los pastores y nosotros

Los pastores que habían recibido el mensaje de los ángeles van corriendo al encuentro del recién nacido y cuando lo encuentran comienzan a contar “lo que habían oído decir sobre este niño”. Luego regresan a los lugares de donde habían salido, “volvieron, alabando y glorificando a Dios”. Los pastores con sus palabras y sus gestos transmiten y contagian alegría.

Nosotros, los que dos mil años después nos acercamos al pesebre en esta Navidad, ¿a quienes les contamos lo que hemos oído decir sobre este niño? Nosotros, los que decimos estar preocupados porque en nuestro tiempo la Navidad se ha convertido en un acontecimiento social y consumista, ¿a quién le contagiamos alegría del pesebre?

María y nosotros

La actitud de María es diferente a la de los pastores. De ella no se nos dice que haya ido “rápidamente” a ningún sitio. María permanece en su lugar cuidando del niño pero no es eso lo único que hace, además se nos dice que “conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón”. ¿Qué “cosas” medita María? El nacimiento en el pesebre, la presencia de ese niño, la admiración de los pastores y de “todos los que los escuchaban”. Ella conserva y medita lo que vive.

Nosotros ¿meditamos en nuestro corazón lo que vivimos en la Navidad? ¿guardamos en nuestro corazón el mensaje de estas fiestas? Nosotros, ¿qué guardamos en nuestros corazones? ¿lo sabemos? Para respondernos solo tenemos que mirar hacia ese sitio ¿qué vemos cuando miramos nuestro corazón? ¿qué encontramos en él? ¿la alegría de la Navidad? ¿miedos? ¿esperanzas? ¿preocupaciones económicas? ¿qué guardamos? ¿qué cultivamos? ¿sobre qué “cosas” meditamos?

Madre de Dios y madre nuestra

En el primer día del año se nos invita a mirar a María como “Madre de Dios”, una fiesta que en la antigüedad fue creada para recordar algo que comenzaba a olvidarse: que Jesús verdaderamente era un hombre que había nacido en un tiempo concreto y de una mujer. Es una fiesta establecida más que para celebrar a María para recordar que Jesús no era un mito, no era como los dioses de los griegos o de otras naciones vecinas, no era un invento de los hombres sino alguien concreto que había formado parte de un pueblo y caminado por esta tierra, un hombre de carne y hueso que había transformado la historia.

Para nosotros, María ¿es esa jovencita llena de fe que nos muestran los evangelios y que meditaba y guardaba en su corazón lo que vivía? ¿es esa jovencita que con su enorme SÍ a Dios cambió la historia de la humanidad? ¿O en nuestro tiempo María es solo una estampita o una imagen? En los evangelios María también es de carne y hueso, no es un mito creado por la imaginación, es una mujer llena de fe que enseña a creer, a meditar, a descubrir a Dios en cada corazón. Es una madre que, como todas las madres, además de protegernos nos enseña a vivir ¿aprendemos de ella a decir “sí” a Dios?


2 comentarios en «María, la que dijo «sí»»

  1. Volver una y otra vez a contemplar el pesebre, vivir y transmitir la alegría de Dios con nosotros, es un modo de vivir el sí de María. Gracias padre Jorge!

  2. La alegría de los pastores y el silencio de María brotan del contemplar a Jesús. Verlo Niño, como niños, sorprendidos y admirados preguntarnos qué nos sigue diciendo. Como María saber que Él nos habla al corazón. Gracias P. Jorge por recordarnos vivir la alegría de los pastores y el silencio de María, ante el misterio inagotable de Dios hecho hombre.

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