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Nuestra ¿pequeña? fe

Dijo el Señor a sus discípulos: “Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo. Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, perdónalo”. Los apóstoles dijeron al Señor: “Auméntanos la fe”. Él respondió: “Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, ella les obedecería. 

Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando éste regresa del campo, ¿acaso le dirá: ‘Ven pronto y siéntate a mi mesa’? ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después’? ¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó? Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: ‘Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber’”.


El perdón y la fe

Ante el desafío de tener que perdonar «siete veces al día» los discípulos le piden a Jesús que les aumente la fe. ¿Por qué relacionar la fe con la actitud de perdonar siempre? A los amigos de Jesús les cuesta comprender el pedido del Maestro, se trata de algo insólito. Parece que les cuesta creer lo que dice Jesús y por eso le piden aumentar su confianza en él. Pedir más fe es pedir una mayor capacidad de confiar en Jesús, de aceptar lo que él está diciendo aunque suene muy absurdo. ¿cómo creer en lo que Jesús les está diciendo si es algo muy diferente a lo que ellos estaban acostumbrados a escuchar y a lo que habían aprendido cuando eran niños en sus casas y luego en las sinagogas?

La respuesta que les da Jesús al pedido de aumentarles la fe es quizás más sorprendente que sus palabras sobre el perdón: no necesitan más fe, si tuvieran una fe tan pequeña como un grano de mostaza sería suficiente. Esa pequeña fe es suficiente para perdonar y también para arrancar de raíz una plata y plantarla en el mar, o para desplazar una montaña de un lugar a otro. ¿Qué quiere decir esto? Ni el fundamentalista más fanático podría entender estos textos en sentido literal, ¿qué está diciendo Jesús con una frase así?

El “tamaño” de la fe

Si observamos detenidamente podemos descubrir que a los discípulos les parece absurdo lo que dice Jesús, pero, sin embargo, lo que a Jesús le parece absurdo es lo que dicen los discípulos. Lo que afirma el Maestro es que el “tamaño de la fe” no se puede medir por el efecto de lo que se logre con ella, como si a una fe “grande” correspondieran efectos espectaculares y a una fe “pequeña” algunos resultados poco importantes. Esa no es la lógica del Jesús, para él una fe que los discípulos consideran “pequeña” puede lograr cosas imposibles. Jesús los está invitando a no menospreciar la fe que tienen, a valorarla; con ella pueden lograr cosas que parecen tan inconcebibles como arrancar una planta y ponerla en el mar.

Una catequesis muy pobre ha distorsionado la comprensión de algunos textos evangélicos y ha instalado la idea de que si una persona es verdaderamente creyente entonces con la fuerza de su fe puede lograr resultados espectaculares: milagros, curaciones, “dones extraordinarios del Espíritu Santo” o intervenciones de los santos en asuntos como la aprobación de un examen, el éxito en un negocio o una curación milagrosa. Jesús nos está diciendo que con una fe “pequeña” se pueden lograr cosas más “absurdas” que esas, como por ejemplo, ser capaz de perdonar al hermano, de compartir con el necesitado, de poner la otra mejilla, de confiar en quien nos ha traicionado. Todas cosas que en este mundo son tan insólitas y extrañas como trasladar una montaña y tirarla al mar con la fuerza de una palabra.

Nuestra ¿pequeña? fe

La fuerza de la fe no consiste en la capacidad de manipular la realidad para acomodarla a nuestros proyectos sino en la capacidad de aceptar la realidad con la serenidad y la alegría que nos da la confianza en las promesas de Jesús. La fe consiste confiar en él, no en nuestra capacidad para hacer que Dios haga lo que nosotros queremos.

Además hay que tener en cuenta que esas «cosas imposibles» en las que se manifiesta la fe, como son el perdón, la no violencia, el amor desinteresado, y muchas otras, por lo general traen consigo todo lo contrario al “éxito” en este mundo. El Señor nunca dijo que si tenemos fe nunca vamos a sufrir o padecer necesidades. Con nuestra confianza incondicional en Dios no hemos hecho nada más que vivir conforme a nuestra “pequeña” fe que confía en Jesús, en otras palabras, como dice el evangelio de hoy, “somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”. Nada más y nada menos.

3 comentarios en «Nuestra ¿pequeña? fe»

  1. Una fe pequeña que puede lograr las cosas más absurdas y no que no se identifican con cosas fantásticas: perdonar, amar, compartir ! Gracias padre Jorge por el modo ingenioso de ayudarnos a valorar nuestra fe.

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