Semejante a un fuerte viento

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes. El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes.Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.» 

Jn 14,15-16.23b-26.


Iremos a él y habitaremos en él

Jesús promete a sus discípulos que enviará su Espíritu “para que esté siempre con ustedes”. Esa promesa comienza a cumplirse el día de Pentecostés y el relato de lo ocurrido es presentado en el libro de los Hechos de los Apóstoles cuando se dice que: “de pronto vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.” (Hc 2,1-11) 

Conviene leer el relato atentamente para evitar una lectura literal de un texto cargado de un fuerte contenido simbólico: el ruido fue semejante a una fuerte ráfaga de viento y aparecieron unas lenguas como de fuego. Es decir que no se habla de viento sino de algo semejante a un fuerte viento y tampoco se habla de fuego sino de algo como de fuego. Inmediatamente después no se presenta a los discípulos arreglando el techo afectado por el fuerte ventarrón o apagando un incendio, sino que se dice algo completamente diferente, ahora los discípulos hablan “en distintas lenguas” y ¡todos comprenden lo que ellos dicen! Ése es el signo de la presencia del Espíritu: los discípulos pueden hablar y quienes los escuchan pueden comprender.

Semejante al viento

En el lenguaje bíblico la palabra “espíritu” quiere decir “viento”, “aire”, “aliento”. Se hace referencia a algo que no se ve pero que se conoce su presencia por sus efectos: si el árbol se mueve es porque sopla el viento, podemos respirar porque hay aire, el aliento indica que una persona o un animal tienen vida. En otras palabras: conocemos la presencia del Espíritu en nosotros por sus frutos, por los efectos de su acción en nuestros corazones.

Pero existe una diferencia fundamental entre la acción del viento y la del Espíritu: cuando el viento actúa sobre (por ejemplo) un árbol, actúa sobre un objeto que no tiene la capacidad de aceptar o no la acción del viento, el viento sacude al árbol sin pedirle permiso. Pero, por el contrario, el Espíritu nunca violenta nuestra libertad, solo actúa si se lo permitimos. El Espíritu actúa en nosotros en la medida en la que nosotros lo dejamos. Cuando actuamos movidos por el Espíritu aquello que realizamos es obra tanto del Espíritu como nuestra. Sin el Espíritu nosotros no podemos y sin el consentimiento de nuestra voluntad el Espíritu no actúa

Por lo tanto, no se debería hablar del Espíritu solo como una fuerza que nos mueve como si se tratara de algo mágico, el Espíritu es una fuerza que nos invita, que nos atrae, que nos muestra el camino, que nos alienta a avanzar, pero que espera nuestra respuesta y respeta nuestra libertad. De esa manera aquello que hacemos movidos por el Espíritu de Jesús es una acción completamente suya y completamente nuestra. Esto es mucho más sorprendente y maravilloso que ser movidos por una fuerza que nos arrastra y nos empuja sin esperar nuestra respuesta. 

El ángel Gabriel pregunta a María y el Hijo de Dios se encarna por la fuerza del Espíritu ¡Y por el sí de María! “María dijo entonces: Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho” (Lc 1,38). Ese sí de María es necesario para el misterio de la encarnación y nuestro sí es necesario para que el Espíritu actúe en nosotros y en nuestras comunidades. 

Palabras que atraen

Cuando permitimos que el Espíritu actúe entonces se produce el milagro: somos capaces de vivir como Jesús enseña, podemos hablar de él y quienes escuchan pueden comprendernos ¡Cada uno en su idioma! A través de nuestras propias palabras el Espíritu toca nuestros corazones y los corazones de quienes nos escuchan respetando siempre nuestros tiempos y nuestra libertad (nuestro idioma) y la libertad y el idioma de los demás. Dios siempre llama, exhorta, invita, emociona, seduce, atrae, provoca, nunca impone, atemoriza, obliga, fuerza, apremia, amedrenta, exige. 

Por eso también conviene leer atentamente cuando se nos dice: “Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos…” En ocasiones se lee esta frase como si en ella Jesús estuviera poniendo una condición para su amor, como si nos dijera que si hacemos lo que nos manda entonces él nos amará, como si Jesús fuera como esos padres que dicen a sus hijos que si hacen tal cosa entonces papá y mamá los van a amar. Dios no es así, su amor es completamente incondicional. Cumplir los mandamientos no es una condición impuesta por Dios para su amor por nosotros sino, al contrario, es el signo, la señal, que nos muestra a nosotros mismos la autenticidad de nuestro amor a Dios. Lo que el Maestro dice es que cuando somos dóciles al Espíritu, y vivimos como él nos invita a vivir, entonces podemos descubrir que nuestro amor a Dios (y a los hermanos) es un amor verdadero.


3 comentarios en «Semejante a un fuerte viento»

  1. «Sin el Espíritu Santo no podemos y sin nuestro consentimiento no actúa» . Si aceptamos su invitación «nuestras acciones son totalmente suyas y nuestras». Nos enseña a «amar incondicionalmente»…

  2. fernandogabrielfritier

    Caramba, es la primera vez que leo una explicación de este párrafo con una intencionalidad alejada del sensacionalismo y la magia.

    Permítame agregar a la disertación la palabra sinergia, que vendría a ser algo así como actuación en conjunto.

    En Música se dice que el arte se pruduce cuando La Música toca al Músico, y no al revés.

    En Artes Marciales, se dice que la energía fluye cuando La Forma hace al Artista Marcial, y no al revés.

    Agrego también una frase que escuché hace poco en boca de una Amiga:
    -La fluidez no tiene margen de error-

    Gracias por su explicación.

    Como siempre, brillante.

Deja un comentario