Misericordia junto al río

Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías, él tomó la palabra y les dijo: «Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección».

Lc 3, 15-16


Junto al rio

Hasta el río Jordán donde bautizaba Juan iban quienes se consideraban a sí mismos pecadores y querían comenzar una vida nueva. Allí escuchan la predicación del Bautista que los exhorta a arrepentirse de sus pecados. El rito consistía en sumergirse en el agua y, al salir de ella, al respirar nuevamente, recibir un nuevo espíritu, una nueva vida.

¿Por qué Jesús se pone en la fila de los pecadores y desde ese lugar comienza su enseñanza? ¿qué significa su gesto? En muchas ocasiones el Maestro volverá a elegir un sitio desconcertante para transmitir sus enseñanzas: sus discípulos se sorprenderán al verlo comer en casa de quienes eran considerados hombres o mujeres impuros; o también al encontrarlo hablando a solas con una samaritana; o al irse a alojar a la casa de Zaqueo, el rico recaudador que cobraba impuestos para el imperio opresor en perjuicio de sus hermanos judíos.

El mensaje

Lo que ocurre el día del bautismo junto al Jordán es la primera de una larga lista de actitudes en las que claramente el Maestro dice algo, envía un mensaje. La reiterada actitud de presentarse junto a quienes eran despreciados por las autoridades religiosas y por la mayoría del pueblo, es una señal sugerente que indica algo importante ¿Por qué este desconcertante Rabí al mismo tiempo que exhorta a alejarse del pecado come con gente de mala fama, viola la ley al tocar a los leprosos y, además, se deja tocar por prostitutas?

Mucho antes de que infinidad de moralistas se esforzaran inútilmente en explicar esta actitud, el mismo Maestro expresó con su lenguaje simbólico y a la vez muy claro, el significado de lo que hacía: “no son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos … porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.” (Mt. 9, 12). O también: “¿qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió?” (Mt. 18,12).

El lenguaje de la misericordia

Sin embargo esas respuestas, sencillas y comprensibles, para algunos no fueron suficientes. A pesar de esas actitudes y palabras del hijo de María y José, a lo largo de la historia, una y otra vez aparecieron personajes que intentaron reducir el mensaje de Jesús solamente a un conjunto de exigencias morales. En algunos casos esos individuos lograron su objetivo y convirtieron algunas comunidades cristianas en tristes caricaturas del mensaje original o, peor aún, en espacios en los que reinó el terror del autoritarismo y la manipulación de las conciencias. Pero los evangelios siguieron ahí, repitiendo porfiadamente aquellas actitudes y palabras rebosantes de misericordia y sabiduría.

Más allá de esos intentos de apropiarse del Evangelio y convertirlo en una moral implacable, los textos siempre conservaron vivo ese mensaje que al mismo tiempo que plantea un cambio de vida, desborda misericordia y muestra comprensión y cercanía hacia quienes no logran los cambios que se proponen. Desde ese primer momento, cuando junto al río Jesús se muestra entre gente sospechosa, su figura se convierte en consuelo para los que se acercan a él buscando ser comprendidos y, en ocasiones, perdonados. Simultáneamente el Maestro se convierte en fuente de inquietud y desconcierto para los seguros de sí mismos, para aquellos que creen que están sanos y no necesitan médico, para aquellos que están bien así como están y no necesitan comenzar una nueva vida.

Jesús transforma el llamado de Juan porque no solo pide un arrepentimiento por acciones pasadas, también quiere sumergir (bautizar) nuestro viejo corazón y ofrecernos otra manera de vivir, su propia manera de vivir, llena de amor, perdón y ternura.


 

Etiquetas:

3 comentarios en «Misericordia junto al río»

  1. Jesús «elige un sitio donde enseñar» » Nos muestra su propia manera de vivir»…Su ejemplo nos invita a estar donde El nos llama, siendo y dando lo mejor de nosotros, nuestra manera única de ser.

  2. Estos son los símbolos que realmente nos muestran la grandeza de Jesús, gestos muy simples como compartir un plato de comida, o ponerse en una fila junto a los demás para ser bautizado, bellísimos gestos
    que deberían llevarnos a pensar cada vez que nos corremos ante la cercanía de alguien humilde, o juzgamos y descartamos a quien no nos agrada por algún motivo. Hermoso mensaje. Un abrazo enorme Jorge y muy buen año.

Deja un comentario