Decir “sí” entre muchas preguntas

Durante su embarazo, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas ésta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi vientre. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor”.

Lc 1, 39-45


Un “sí” que pone en camino

María responde con un “sí” al proyecto de Dios, deja de lado sus propios planes y asume como propios los planes de Dios; apenas pronuncia ese “sí” María se pone en camino, rápido, “sin demora”. En este relato Lucas compara la actitud de María con la de los dos más grandes personajes de la historia de Israel, Abraham y Moisés.

Abraham, al escuchar la voz de Dios que le dice “deja tu tierra y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré”, de inmediato se pone en camino: “Abraham partió, como el Señor se lo había ordenado”. Moisés, cuando escucha: “yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo”, entonces “tomó a su mujer y a sus hijos y emprendió el camino de regreso a Egipto”.

Después de decir “” a Dios urge salir de uno mismo y decir un “” a aquellos hacia los que Dios nos envía.

Una vida agitada

En los evangelios María no se nos presenta como una joven encerrada en el Templo y dedicada a las prácticas rituales, la vemos desplegando una notable actividad: va en ayuda de Isabel, camina hasta Belén, pide alojamiento y es rechazada, huye a Egipto, regresa a Nazaret. Va y viene atenta a los demás, su “” a Dios no la “encierra» sino que la “abre», la lleva hacia el servicio a los otros.

Pero en medio de esa agitación que es una permanente inestabilidad María “meditaba estas cosas en su corazón¿Qué “cosas” eran esas que meditaba? ¿leía libros piadosos? ¿se anotaba en retiros espirituales? María meditaba lo que vivía. Meditaba sobre la visita del ángel, las palabras de Isabel, lo que habían dicho los pastores, el rechazo que la lleva a tener a su hijo en un pesebre. Se pregunta una y otra vez qué significa todo eso.

Lo que meditaba en su corazón era su vida, María no vive distraídamente, superficialmente, se hace preguntas, medita su vida. Para ella todo lo que le ocurre es un signo de algo, una señal que hay que descifrar, un mensaje que hay que comprender. Seguramente la pregunta que le dirige al Ángel “¿pero como puede ser esto?” fue una pregunta que la acompañó cada día de su vida.

La Navidad es un signo

La Navidad que ya llega también es un signo, una señal que se nos presenta en medio de nuestra agitada vida y que nos invita a meditar ¿Qué significa esta Navidad, este año, en este momento de mi vida? ¿hacia dónde me pone en camino? ¿voy a “partir sin demora”?

En medio de los festejos y los encuentros familiares, en medio de la soledad o el desconcierto, en medio del recuerdo de tantos momentos dolorosos que hemos vivido este año, ¿podemos “partir sin demora” aunque en nuestro corazón nos preguntemos «pero como puede ser esto»?

La Navidad es una fiesta diferente, a diferencia de las fiestas que nos hacen olvidar por unos momentos las preocupaciones y los dolores de la vida, la Navidad nos invita a mirarlos, a mirarlos con nuevos ojos, a preguntarnos qué significan y cómo es mi respuesta. Puede ocurrir que como María nos preguntemos «¿como puede ser esto?» pero esa pregunta no tiene que detenernos, es una pregunta para meditar en el camino, ¿qué significa esta Navidad, este año, en este momento de mi vida? ¿hacia dónde me pone en camino? aún con esas preguntas en nuestro corazón podemos, como María, «partir sin demora».


 

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