Una Iglesia en salida

Comparto mi reflexión publicada esta semana en la sección «La Última» de la revista Vida Nueva publicada en España en su versión impresa en papel


 

2 comentarios en «Una Iglesia en salida»

  1. Caramba Jorge, es cierto, hemos sido testigos muchas veces en todos estos años de que «las palabras distancian».
    Ud se va a reir de mí por lo reiterativo, pero, no por nada Lao Tsú dijo hace muchos años que «el Tao que se puede expresar con palabras, no es el Tao verdadero».
    Cada día afirmo más mi convicción de que Joshua Emmanuel (Jesús), fue en realidad un monje iniciado budista, como lo investigó Nicolai Notovich.
    Debo reconocer que todavía no tengo una opinión clara de el actual Papa, y de hecho es probable que como apóstata, no me corresponda hacerlo.
    No obstante sostengo lo que muchas veces le dije: «admiro a los hombres de Fe», y esto último no es porque considere que Yo no la tenga; pero mi «inquietud espiritual» (por llamarlo de alguna manera), no me permite quedarme descansando sobre ningún dogma.
    De más está decirle que admiro a los hombres como Ud, en los que se vislumbra la intención de construir una comunidad de personas humanas (con todo lo que ello implica).
    Hace muchos tuve el honor de conocer a un cura ejemplar: el Padre José Andrés, que en la localidad de J. M. Gutierrez y bajo la tutela del Obispo Jorge Novak, nos dio un ejemplo de vida a muchos.

    Bueno, le mando un Abrazo.

  2. Estimado Jorge,

    ¡Qué texto!
    Salir siempre es salir de nuestro propio egoísmo. Uno esta idea con la parábola del Buen Pastor.
    Solemos repetir que los cristianos somos el rebaño y Jesús es el Pastor y, sin querer, nos quedamos inmovilizados en esa imagen sin percatarnos que las ovejas están encerradas y la voz del Pastor viene desde afuera.
    La Iglesia siempre está en «estado de salida», porque la voz de Jesús viene desde afuera. Podríamos sintetizar la historia de la Iglesia como la construcción de corrales cada vez más grandes, hasta que no haga falta que haya corrales, porque «habrá un solo rebaño y un solo Pastor».
    Sólo si renunciamos a la seguridad del corral, podremos disfrutar de la alegría de caminar al lado del Pastor.

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