Bajado del cielo

Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo». Y decían: «¿Acaso este no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo puede decir ahora: ‘Yo he bajado del cielo’?»

Jesús tomó la palabra y les dijo: «No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre. Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna.

Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».

Jn 6,41-51


Del cielo

El cielo”, en los textos bíblicos, no se refiere a ese lugar en el que hay pájaros, aviones o satélites. Para un judío de los tiempos de Jesús “el cielo” es el lugar del que viene la luz y el agua que hacen posible la vida, del cielo viene la vida y por eso “el cielo” es el sitio en el que está Dios. Decir que alguien ha “bajado del cielo” es decir que esa persona “viene de Dios”.

Los que escuchan a Jesús murmuran entre ellos, se preguntan, no entienden, ¿cómo puede decir que viene de Dios si todos sabemos que es hijo de María y José?

Instruidos por Dios

Entonces Jesús dice: “nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió”. A quienes están murmurando acerca de su madre y su padre Jesús les habla de su Padre, no de José, sino del Padre que “me envió”. De otra manera está repitiendo que él “viene de Dios”. Es fácil comprender la perplejidad de los que escuchan, las palabras de Jesús suenan como una blasfemia en los oídos de esos hombres.

Entonces Jesús dice algo aún más desconcertante. Recuerda el libro de los Profetas y afirma: “todos serán instruidos por Dios”. Es decir, Dios no solo está en el cielo, o en el Templo, o en los libros sagrados, también está en el interior de cada uno de ellos. ¡Esos que murmuran confundidos también “vienen de Dios”! ¡Dios está también en ellos! Y agrega algo más: “todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí”. En otras palabras: Dios no le habla solo a Jesús, les habla a todos pero no todos lo escuchan, quienes lo oyen se acercan a Jesús y comprenden lo que él dice.

Jesús los invita a ver las cosas de una manera completamente nueva y llena de belleza y esperanza: Dios no está lejos, está en nosotros y “nos instruye”, nos habla. Los que murmuran no solo están invitados a reconocer que Jesús “viene de Dios” y que Dios está en él; están invitados a dar un paso aún más sorprendente y desafiante: reconocer que Dios está en ellos y que también a ellos les habla.

El que cree tiene Vida

Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna”. El que cree en Jesús, el que acepta lo que Jesús está diciendo, tiene “Vida eterna”, es decir, una vida completamente diferente a la que tenía antes de creer en Jesús. Antes de creer en lo que dice Jesús tienen una vida que se acaba con la muerte, ahora tienen una Vida eterna porque han descubierto y aceptado que Dios está en ellos.

Yo soy el pan de Vida”. El pan de nuestras mesas nos da vida pero Jesús da otra Vida porque nos dice lo que somos para Dios y nos dice que Dios está en nosotros. Por eso es tan diferente ese pan que ofrece Jesús que el que les dieron sus padres en el desierto “y murieron”. Sus padres les hablaron de un Dios que estaba en el cielo, es decir, lejos; Jesús les habla (nos habla) de un Dios que está cerca, en nosotros. Un Dios que es como un pan que descendió del cielo, que se acercó, “para que aquel que lo coma no muera”.

Más adelante Jesús dirá “ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre”. (Jn 15, 15) Y tiempo después Pablo les escribirá a los Gálatas: “la prueba de que ustedes son hijos es que Dios infundió en sus corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo’ ¡Abba!, es decir, ¡Padre! Así, ya no eres más esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero por la gracia de Dios”. (Gal 4, 6-7)

Esa es la Buena Noticia que solo podemos escuchar en los labios de Jesús, solo él puede proclamarla porque “nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre”.


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2 comentarios en «Bajado del cielo»

  1. fernandogabrielfritier

    Sigo pensando lo mismo que le vengo diciendo. En todos está el germen del «estado de Buda o iluminacion». Es un error seguir buscando afuera.
    Eso es lo que vino a decir «este Maestro»

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