Algunos todavía dudaron

En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo».

Mateo 28,16-20.


La montaña

En la Biblia, con la expresión «la montaña«, se está hablando de un lugar «cerca de Dios». En muchos pasajes de la Escritura se dice que «en la montaña» los grandes personajes, o inclusive todo el pueblo, se encontraban con Dios. De «la montaña» desciende Moisés con la Ley, a «la montaña» suben Elías, Eliseo y otros profetas. En «la montaña«, probablemente a causa de su proximidad con «el cielo» y por estar rodeada de misterios, muchas religiones intuyen la presencia de Dios.

Cuando en este pasaje de Mateo se dice que «los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado», no conviene imaginar a los amigos de Jesús escalando un monte sino dirigiéndose hacia Dios.

Las dudas

En este contexto se dice que algunos «se postraron delante de él», es decir, reconocieron en él su misterio y su divinidad; y otros «todavía dudaron». Una vez más Mateo señala la dificultad de los discípulos para creer. Lucas ofrece un detalle muy importante al presentar esa incredulidad: “Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer” (Lc. 24,41). Lo que les impide creer es ¡la alegría!

En cualquier caso recordemos que estos discípulos son aquellos que se peleaban por ocupar los primeros lugares y que habían traicionado, negado y abandonado al Maestro. La fragilidad de estos “amigos” que el mismo Jesús había elegido, nunca es ocultada, al contrario, siempre es señalada sin reparos en los textos escritos por esos mismos discípulos. Esa fragilidad forma parte del anuncio que ellos proclamarán el resto de sus vidas: el Maestro los amó así de frágiles.

Elegidos

Después de todo lo que ha ocurrido Jesús los vuelve a elegir y les da una misión: “vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos”. Vuelve a creer en ellos y les confía el anuncio del misterio de Dios: “del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Además, a pesar de su fragilidad estos hombres  son enviados a enseñar y cumplir “todo lo que yo les he mandado”.

Poco antes habían sido elegidos entre los pescadores o en las aldeas de Galilea y ellos “abandonándolo todo” lo habían seguido sin apenas conocerlo. Ahora Jesús, “que sabía lo que hay en el interior del hombre” (Jn. 2,25), los vuelve a elegir, vuelve a confiar en ellos. Quizás esa confianza era para estos hombres más sorprendente que el hecho de verlo con vida nuevamente. Siempre nos cuesta creer que Dios nos ama precisamente porque nos conoce mejor de lo que nos conocemos nosotros a nosotros mismos.

Acompañados

Entonces estos discípulos frágiles, incrédulos y desconcertados escuchan aquellas palabras que los acompañarían durante todas sus vidas: “Y yo estaré siempre con ustedes”. El Maestro no se arrepentirá nunca de haberlos elegido, “hasta el fin del mundo”.

Cuando subimos a “la montaña” y vemos las cosas desde donde “las ve Dios”, podemos mirar hasta el horizonte, hasta “el fin del mundo”, y entonces nos cuesta creer “por la alegría” y anunciamos que Dios es “Padre, Hijo y Espíritu Santo”; por eso hoy celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad.


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2 comentarios en «Algunos todavía dudaron»

  1. Gracias padre Jorge! Aún en la hondura de nuestra fragilidad, Jesús nos invita a subir a la montaña haciendo posible acortar la distancia entre hondura y “altura” y encontrar allí la oferta de la Trinidad!

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