Permanecer

Jesús dijo a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde. Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.

Juan 15,1-8.


En los primeros domingos que celebramos después de la Pascua los textos de la liturgia nos mostraron diferentes apariciones de Jesús resucitado, en ellas se dice que el crucificado está vivo, no es un fantasma, tiene un cuerpo y es el mismo cuerpo que tenía antes de su muerte en la Cruz, “miren mis manos y mis pies”. En los dos domingos siguientes, la liturgia lleva nuestra atención a la relación entre el resucitado y los discípulos. ¿Cómo es ese vínculo? Para describir ese vínculo la liturgia presenta dos imágenes utilizadas por el mismo Jesús. El domingo pasado la imagen del pastor y las ovejas que están unidos por el invisible hilo de la voz del pastor que el rebaño reconoce y sigue; y este domingo la imagen de la vid y los sarmientos, que están unidos por una misma savia, una misma vida, que circula por el tronco y por las ramas.

Las dos imágenes son muy diferentes pero coinciden en algo central: ambas hablan de una conmovedora intimidad, es difícil imaginar una intimidad más estrecha. A través de estas imágenes el Señor dice que él no está “afuera”, ni “arriba”, no está “lejos” ni “cerca”; estas imágenes indican que “habita” en nosotros mucho más “adentro” de lo que podemos expresar o imaginar. Ninguna palabra logra expresarlo correctamente, todas deben ser puestas entre comillas, ninguna palabra “define” nuestro vínculo con Jesús, solo indican una dirección y nos invitan a cada uno de nosotros a buscar nuestras propias palabras, nuestras propias imágenes para hablar de esa relación personal y única con Jesús.

Cuando el Maestro utiliza la imagen de “la vid y los sarmientos” señala la importancia de “permanecer”: “permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes”; “el que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto”; “si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes”. Solo “permaneciendo” es posible “dar fruto” porque “separados de mí, nada pueden hacer”.

Como el rebaño debe “permanecer cerca” de la voz del pastor el sarmiento debe “permanecer” en la vid. Gracias al pastor las ovejas “tienen vida” como gracias a la vid “tienen vida” los sarmientos. Las palabras de Jesús contienen también una advertencia: es posible “no permanecer”, es posible alejarse de “la voz del pastor”; si no se permanece unido a la vid no se puede “dar fruto”, si la oveja se aleja del pastor “se pierde”.

Con estas imágenes, y estas advertencias, Jesús está enseñando a esos hombres y mujeres que lo seguían por los caminos de Galilea qué es lo que tienen que hacer para ser sus discípulos. Observemos: para ser discípulos solo deben estar cerca suyo, “permanecer” junto a él. Ellos tienen que ver cómo Jesús se relaciona con su Padre Dios y con las personas que se encuentra por los caminos. También ellos deberán ver cómo el Maestro vive su Pasión y el momento de la muerte. La enseñanza de Jesús no es teórica sino concreta: en medio de todas las vicisitudes de la vida tienen que permanecer junto a él como él permanece junto a ellos

San Pablo lo dirá de esta manera: «tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús” (Fil. 2,11).


¡NUEVO LIBRO!

YA ESTÁ EN ARGENTINA

Se puede comprar en la parroquia, en las librerías «religiosas»,  y se puede comprar en  Mercado Libre. 

También me podes mandar un mensaje y vemos cómo hacer.

Cuesta $ 600



 

One comment

  1. La invitación a permanecer en y con Jesús desde la realidad concreta de cada persona, cualquiera que ésta sea, hace posible que bebamos de su sabiduría y de su amor. Gracias padre Jorge!!

Deja un comentario