El Buen Pastor en días de temor

Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas. El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa. Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas. Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí -como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre- y doy mi vida por las ovejas.

Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor.

El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla. Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi Padre».

Juan 10,11-18.


En esta fecha la Iglesia invita a celebrar «el domingo del Buen Pastor». Estamos celebrando la presencia de la voz de Jesús que nos acompaña, protege y alimenta. Hoy se nos invita a preguntarnos si conocemos esa voz, si hemos aprendido a distinguir esa voz entre las muchas voces que suenan a nuestro alrededor y, también, en nuestro interior. Es difícil imaginar un vínculo más estrecho e íntimo que el que se establece a través del sonido de la voz. A esa intimidad se nos invita en la relación con Jesús.

Ser discípulos de Jesús consiste precisamente en aprender a distinguir su voz cuando suena en lo más profundo de nuestro corazón; aprender a distinguirla de nuestra propia voz y de muchas otras voces que reclaman nuestra atención.

¿Cómo reconocerla? La “voz del Pastor” es aquella que suena en nuestro corazón y que cuando tenemos miedo nos dice que no tengamos miedo; es la voz que invita a confiar y a tener compasión; es la voz que invita a perdonar y compartir, a orar y confiar; es la voz que invita a ser libre y amar; que invita a vivir y a compartir la vida; que nos anima ante la injusticia y el desaliento; que invita a cuidar y proteger; que invita a todo lo que es bueno, bello y verdadero; que invita a ser mejores, no solo a hacer cosas buenas. No es la voz que atormenta sino la que consuela, no es la que exige sino la que anima, no es la que condena sino la que salva. Seguir al Buen Pastor es confiar en esa voz interior que nos hace cada día más libres, cada día mejores.

No deberíamos reducir «el domingo del Buen Pastor” al “domingo de los buenos pastores”. El centro de la celebración de hoy no son los sacerdotes ni los obispos sino el único Buen Pastor. Los “buenos pastores” son aquellos de enseñan a reconocer la voz del Buen Pastor. Para hacerlo lo primero que deben aprender es a reconocerla en sí mismos. Recién entonces pueden ayudar a reconocer esa voz distinguiéndola de todas las demás. Porque “la voz de los pastores” tampoco es la del Buen Pastor, sino solo una pequeña voz que debería ayudar a reconocer aquella voz, la del único pastor.

Tampoco “los buenos pastores” son solo los sacerdotes y los obispos, sino todos los que enseñan a conocer la voz del Buen Pastor. Madres, padres, abuelos, niños, amigos. Todos. Todos podemos aprender a reconocer esa voz y todos podemos enseñar a los demás, porque esa voz suena en cada uno de los corazones.

El domingo del Buen Pastor es el domingo de la intimidad con Dios, de esa intimidad en la que nace el amor a Dios y a los hermanos, de ese amor del que nace la verdadera lucha por la justicia, de ese amor que nos permite comunicar esperanza y alegría en un mundo oscurecido por tantas voces que no son aquella voz, aquella voz portadora de esperanza: la del Buen Pastor que da su vida por nosotros.


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2 comentarios en «El Buen Pastor en días de temor»

  1. Jorge gracias por tu reflexión de este domingo. Asocie el párrafo “Cómo reconocerla?… con aquel de Jesús “…el que quiera salvar su vida, la perderá…”, ya que para salvar la vida, mis actitudes tienen que ser las que señalas. Abrazo.

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