Amarás

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?».

Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas». Mateo 22,34-40.


Amarás”… ¿Se trata de una orden o de una promesa? Esta expresión quiere decir “¡tienes que amar!”, ¿o se está diciendo “ya lograrás amar”? “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas”, la frase recorre la historia entera del pueblo de Israel como un mandamiento, como el primer mandamiento. En labios de Jesús adquiere una nueva luz y se la relaciona para siempre con el “segundo mandamiento”: “y al prójimo como a ti mismo”.

¿Puede imponerse la experiencia de amar como un deber, con una orden? No parece fácil entender así el amor. Pero si además de una orden se trata de un anuncio, de una promesa, entonces el mandamiento se transforma: debemos amar porque es posible hacerlo y si lo intentamos se puede lograr. Nos hemos acostumbrado demasiado a determinadas palabras como una orden y no nos emociona que se nos diga “amarás al Señor tu Dios” como un anuncio, no nos sorprende que se nos anuncie que es posible amar a Dios. “Amarás”, sí, tienes que hacerlo porque puedes hacerlo.

En nuestro mundo y nuestros días no es fácil decir ni escuchar como un mandato: “¡Debes amar a Dios y al prójimo!” Ante infinidad de injusticias y frustraciones, y a la vista de tantos fracasos afectivos, para muchos la pregunta es: ¿amar, acaso es posible?, ¿se puede amar?, ¿aún estamos a tiempo? Es en estos tiempos de perplejidad cuando conviene rescatar la expresión “amarás” como promesa, como iluminadora y consoladora promesa. “Amarás”, es posible hacerlo.

La primera carta de San Juan nos ofrece otro motivo para amar a Dios que no nace de un mandato: “amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios”. Para este Apóstol debemos amarnos unos a otros porque ese es el camino para poder ¡conocer a Dios! Y por eso dice “el que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor”. Para Juan se puede conocer a Dios amando al prójimo y por eso insiste: “nadie ha visto nunca a Dios: si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros”. Es decir, que para “ver a Dios” es preciso amar. “Amarás” es una promesa que contiene otra: al amar se puede “ver a Dios”. (1 Jn. 4) Por eso para quienes buscan a Dios la promesa se convierte en mandato.

Para profundizar en toda la riqueza y el misterio que contiene esta promesa que es mandamiento, o este mandamiento que es también promesa, conviene continuar adelante y avanzar hacia la frase completa: “con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas”, y hacerlo atreviéndonos a cambiar la entonación de nuestra voz. La hemos oído infinidad de veces en un tono imperativo, también como mandato, subrayando la palabra “todo”. Con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Pero también la podemos decir de otra manera y subrayar la palabra . Con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas. Con ese corazón, alma y fuerza que cada uno tiene, como cada uno puede, de la forma que cada uno logre hacerlo. Entonces el mandamiento se transforma nuevamente, al subrayar el tú, al recordar la capacidad de cada uno, se aleja cualquier culpa y adquieren así aún mayor belleza y verdad las palabras de Juan: “en el amor no hay lugar para el temor: al contrario, el amor perfecto elimina el temor, porque el temor supone un castigo, y el que teme no ha llegado a la plenitud del amor.” (1Jn 4, 18)

“Amarás” …, “como tu puedes”…, ese es el camino para “ver a Dios”, esa es la promesa que nos da la capacidad para poder cumplir con nuestras fuerzas los dos mandamientos que son solamente uno.



 

4 respuestas a «Amarás»

    1. Muy esperanzador el mensaje! Nos acercamos a Dios cada uno a su tiempo, desde su realidad concreta, sus posibilidades, su entendimiento, y la gracia de Dios para ponernos en camino!

  1. La claridad de este mensaje despeja sombras acerca de un Mandamiento que se ilumina en comprensión al fundirse de dos mandatos en uno solo que nos da la posibilidad de AMAR A DIOS a través de la capacidad y sinceridad con que CADA UNO de Nosotros amemos a nuestro prójimo NO COMO OBLIGACIÓN si no con el Fraternal Sentimiento de sentirnos hermanos

  2. Hay una premisa indiscutible: La Evolución.
    Y para «evolucionar» hay que «aprender».
    En el Budismo existe la sentencia que dice: «Aprenderás por Amor, o por Dolor».
    Quizás solo se trate de hacer una buena elección.

    Abrazo Jorge!!!!!

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