La cruz y las burlas

Lavatorio-de-los-pies1-e1522336381603CRISTO REY 2019

Lc 23, 35-43

Después que Jesús fue crucificado, el pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose decían: “Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!”. También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: “Si eres el Rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!”. Sobre su cabeza había una inscripción: “Este es el Rey de los judíos”.

Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: “¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro lo increpaba, diciéndole: “¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo”.

Y decía: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino”. Él le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso”.


En la fiesta de Cristo Rey el texto del Evangelio nos muestra a Jesús en la cruz y a sus verdugos burlándose de él. Sobre su cabeza, también como una burla, dice: “Jesús de Nazaret Rey de los judíos”. Como sabemos, y como lo dijo el mismo Jesús ante Pilatos, él es rey, pero de una manera completamente diferente a lo que imaginaban tanto los judíos como los romanos. También diferente a lo que imaginamos nosotros.

Los que están frente a la cruz se ríen de alguien que se presenta como rey pero no tiene ningún poder. En ese momento los poderosos son ellos, los que lo crucificaron. Las burlas son una forma de abusar del poder que tienen sobre Jesús. Toda la escena nos presenta una situación cargada de actualidad. No es solo el recuerdo de algo ocurrido hace dos mil años. Hoy también podemos asistir al lamentable espectáculo del inocente que sufre ante la indiferencia o las burlas. Lo que ocurrió aquel día se prolonga en el tiempo.

Especialmente a través de los medios de comunicación asistimos a un interminable y siniestro «entretenimiento»: incontables inocentes padecen ante quienes se burlan. ¿Acaso todos nos burlamos? Sí, no hacer nada es burlarse, decir “¡qué barbaridad!” y cambiar de canal también es burlarse. Pero ¿qué se puede hacer? ¿nada? ¿es cierto que no se puede hacer nada? Seguramente no está en nuestras manos modificar la situación del mundo pero eso no significa que no se puede hacer nada. Siempre hay cerca nuestro un inocente que sufre. “La religiosidad pura y sin mancha delante de Dios, nuestro Padre, consiste en ocuparse de los huérfanos y de las viudas cuando están necesitados” (Santiago 1, 27).

Jesús es rey de una manera nueva y desafiante. Es un rey que se oculta en el que sufre: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?”. Y el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”.” (Mt 25, 31)

En nuestro tiempo tenemos una sensibilidad especial para rechazar toda forma de abuso de autoridad y eso es un avance importante que hemos dado como sociedad. Pero no es suficiente. Nos falta reconocer que todos tenemos alguna forma de autoridad sobre otros y preguntarnos cómo la ejercemos. Los padres sobre los hijos, el empleador sobre el empleado, el sano sobre el enfermo, el que sabe sobre el ignorante; en otras palabras: el que puede sobre el que no puede. Siempre cerca nuestro hay alguien que no puede lo que nosotros sí podemos.

La autoridad es cruz o es burla, es servicio o es abuso. En todos los momentos de la vida.


 

 

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