Ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza

53454-LaConfianzaEnDiosYEnSuProvidencia.800w.tnDOMINGO XXXIII C

Lc 21, 5-19

Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: “De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”.

Ellos le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?”. Jesús respondió: “Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi nombre, diciendo: “Soy yo”, y también: “El tiempo está cerca”. No los sigan. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin”. Después les dijo: “Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo. Pero antes de todo esto, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi nombre; y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí. Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa, porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir. Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán. Serán odiados por todos a causa de mi nombre. Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza. Gracias a la constancia salvarán sus vidas”.


Terminando el año litúrgico nuevamente las lecturas nos hablan de los últimos tiempos, pero el texto de este pasaje evangélico parece contradictorio. Por una parte se anuncian una serie de acontecimientos aterradores y por otra se señala que no hay nada que temer. Al comienzo se dice: “tengan cuidado”, y pocas palabras más adelante: “no se alarmen”. Se narran acontecimientos y “fenómenos aterradores”, pero después esa narración concluye diciendo “ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza”. Detrás de esas aparentes contradicciones hay un mensaje: hay que estar atentos pero eso no quiere decir que haya que tener miedo. No es lo mismo una cosa que la otra.

No es lo mismo estar asustados que prestar mucha atención, es más, el miedo nos puede enceguecer e impedirnos estar atentos. La invitación del Maestro es un llamado a estar muy atentos a lo que ocurra y a procurar descifrar su significado. El mensaje no contiene una advertencia que nos deba aterrorizar sino precisamente lo contrario: pase lo que pase no hay nada que temer porque el Señor estará junto a nosotros, es más, estará en nosotros: “yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir”. En última instancia el Señor está hablando del amor de Dios que nunca nos abandona.

Cuando se escribe este Evangelio algunas de las primeras comunidades cristianas ya estaban viviendo situaciones parecidas a las que narra aquí Lucas y está claro que el evangelista no pretende agregar inquietud y temor a los cristianos sino al contrario. Los está invitando a mirar en profundidad, a descubrir el significado de lo que ocurre, los invita a mirar cómo en medio de las dificultades están percibiendo la cercanía y la protección del Señor. No es solamente un anuncio de lo que va a ocurrir es también una descripción de lo que está ocurriendo, ellos ya están experimentando esa cercanía del Maestro en medio de los peligros y las aflicciones.

San Pablo lo dice así: “¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada? … tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.” (Rm. 8, 35-38)

En estos primeros años del siglo XXI podemos también experimentar situaciones similares a aquellas. Vivimos un tiempo en el que abundan inseguridades de todo tipo. No solo hay guerras e injusticias terribles, también nos toca vivir la primera época en la que la humanidad entera está descubriendo la fragilidad del planeta mismo. ¿Acaso no estamos observando en nuestros días lo que se dice en este texto “se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo”?

Pero la conclusión del Maestro no es “tengan miedo”. Esa es la conclusión de muchos que pretenden asustarnos y de esa manera paralizarnos. La invitación de Jesús es otra: ¡estén atentos!, ¡procuren entender qué significa lo que está ocurriendo! El Señor está diciendo que pase lo que pase él estará con nosotros, está hablando del amor que nos tiene.

Por eso especialmente en estos tiempos los cristianos tenemos que ser hombres y mujeres que no se paralizan, que no agregan más inquietud a las muchas inquietudes que ya hay; sino personas que se comprometen y ponen manos a la obra allí donde sea que nos corresponda actuar.

El Señor no nos invita a esconder la gravedad de lo que ocurre ni a paralizarnos por el temor; nos llama a vivir llenos de confianza. Como dice San Pablo, nada “podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús”.


 

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