Estar a solas

Imagen 1Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para esta a solas.

Mateo 14, 13-21


“Al enterarse de eso”, ¿de qué se había enterado? El texto se refiere al asesinato de Juan el Bautista. Entonces, en ese momento, Jesús necesita estar a solas. Esta breve frase nos muestra en el Señor algo conmovedoramente humano: la perplejidad, el cansancio, la necesidad de recuperar fuerzas. No es solamente el cansancio físico sino el anímico. Todos lo hemos experimentado: hay noticias que nos empujan a la soledad; hay días y tiempos en los que se siente una fuerte necesidad de estar solo.

Después, cuando llega la gente, Él está nuevamente disponible; pero es importante observar esa necesidad de soledad en Jesús, una necesidad que comprendemos, sabemos lo que se siente. Quizás observando esto en Él nos resulte más fácil aceptarlo en nosotros.

Por algún motivo, esa necesidad de soledad suele ser vivida con alguna culpa. A veces nos parece que, si realmente fuéramos personas generosas y entregadas, no deberíamos sentir ese cansancio. ¿Por qué? ¿Ese pensamiento es fruto de nuestra generosidad y entrega a los demás o es fruto de nuestra omnipotencia? ¿Por qué podemos cansarnos físicamente y no podemos cansarnos anímicamente? Parece que Jesús no tenía esos problemas de omnipotencia, parece que Él acepta su necesidad de soledad.

Pero puede ser que la dificultad no esté solamente en esa exigencia a la que nos sometemos. Quizás la cuestión sea otra, puede ser que lo que nos pasa es que no sabemos qué hacer en la soledad. Probablemente, cuando nosotros huimos de los demás, no recurrimos la oración o a la contemplación de la naturaleza, sino que nos instalamos frente a la televisión o frente a cualquier cosa que nos permita no sólo estar lejos de los demás sino también de nosotros mismos.

La soledad de Jesús no es evasión, es estar junto al Padre para desde allí mirar su vida, y la nuestra.

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