La noche y los signos

La oscuridad de la noche no se disipa con argumentos sensatos. La noche en la que comienza la celebración de la Pascua se transforma con un poema y con la luz de un cirio, no con un discurso:

En esta noche de gracia,
acepta, Padre Santo,
el sacrificio vespertino de esta llama,
que la Santa Iglesia te ofrece
en la solemne ofrenda de este cirio,
obra de las abejas.

Desde el principio el anuncio de la resurrección se realiza a través de señales. Signos simples, concretos: agua, pan, vino, la vacilante luz de una vela…; signos y palabras que con su sencillez revelan misterios inexpresables en conceptos y forman un nuevo lenguaje que atravesará los siglos con su mensaje. 

Ese cirio, que “aunque distribuye su luz, no mengua al repartirla”, será el que transforma esa noche y todas las noches:

Sabemos ya lo que anuncia 
esta columna de fuego,
ardiendo en llama viva para la gloria de Dios.

Y aunque distribuye su luz,
no mengua al repartirla,
porque se alimenta de cera fundida,
que elaboró la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.

¡Qué noche tan dichosa
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano con lo divino!

Que el lucero matutino lo encuentre ardiendo, 
Oh lucero que no conoce ocaso y es Cristo, 
tu Hijo resucitado, 
que volviendo del abismo, 
brilla sereno para el linaje humano, 
y vive y reina por los siglos de los siglos.

“Oh lucero que no conoce ocaso y es Cristo…”-Serán ese lenguaje poético y esos signos a la vez misteriosos y transparentes, los portadores de aquella locura expresada en el mensaje de la Cruz.

FRAGMENTO DEL LIBRO «Caminar juntos», Jorge Oesterheld

Autor: jorgeoesterheld

Homilías, escritos y reflexiones

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