Cuaresma, tiempo para orar

(Síntesis charla)

En el Evangelio, y en toda la Biblia, la oración es vivida con absoluta naturalidad. La oración no es algo difícil, no es un problema, tampoco un tema sobre el cual se discute.

En el Evangelio la exhortación a la oración perseverante no es consecuencia de una obligación sino de la confianza en Dios. Dios es Padre y escucha aunque esto parezca sorprendente. Lo difícil para el cristiano no era practicar la oración sino aceptar que efectivamente Dios le concedía el poder increíble de hablar con El.

Posteriormente se ha hablado más de la obligación de orar y se ha debilitado la conciencia del inmenso privilegio que supone para el hombre poder orar.

Hoy la palabra mágica nos pone en movimiento no es: NECESITAMOS orar, DEBEMOS orar. La palabra que abre horizontes es otra más sencilla: PODEMOS, sí, podemos todavía orar.

La oración es ante todo la respuesta a un don: somos hijos. Dios ha hablado y ha dado el poder de escucharlo y responderle. 

Para la oración no es necesaria una preparación intelectual, no es algo reservado a los favorecidos por la inteligencia, ni para los que tienen fuerza física, o pertenecen a determinada raza o clase social. La oración es un don que brota en cualquier corazón humilde.

Juan 14:13 todo lo que pidan en mi nombre, yo lo haré.

Juan 15:7   si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo conseguirán. 

Juan 15:16 no me han elegido ustedes a mí, sino que yo los he elegido a ustedes, y los he destinado para que vayan y den fruto, y que ese fruto permanezca de modo que todo lo que pidan al Padre en mi nombre se los conceda. 

La oración es también algo que afecta por completo nuestra vida y, como todas las cosas importantes, requiere un tiempo, un trabajo, un esfuerzo. 

Muchas veces se confunde la oración con la vida. 

Para aclarar la relación que existe entre oración y vida cotidiana lo mejor es mirar a Jesús:

La vida del Señor nos muestra que hay en Jesús una necesidad de comunión EXPLÍCITA y PROLONGADA con el Padre.

Hay en la vida de Jesús MOMENTOS especiales de comunión explícita y prolongada con su Padre.

Toda oración cristiana auténtica debe incluir la vida entera del que reza, pero, todo momento de oración está enmarcado en un “antes” y un “después”, está siempre como rodeada de vida cotidiana.

La oración es algo sencillo, es la respuesta inmediata que sale del corazón cuando nos ponemos frente a la verdad de la vida.

Cuando se vive a fondo, cuando se abandona la superficialidad, se siente inmediata, instintivamente, la exigencia de expresarse por medio de una oración. La oración es una realidad muy simple que brota cuando la persona se pone de verdad frente a la realidad de de su propia vida, de su propio ser.

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