Cuaresma, un tiempo para aprender a escuchar

(Síntesis charla)

La oración, el ayuno y la limosna nos enseñan a salir de nosotros mismos. En la oración aprendemos a salir de nosotros hacia Dios, en el ayuno aprendemos a salir de nuestras comodidades y en la limosna aprendemos a mirar a los que necesitan de nosotros. Cada una de estas prácticas nos sacan de nuestra tendencia a mirarnos a nosotros mismos y nos abren el corazón. Pero para que esto ocurra es necesario que nuestra oración no sea dar vueltas sobre nosotros mismos; que el ayuno no sea una forma de ponerme a prueba y demostrar mi fuerza de voluntad y que en la limosna me mueva el amor al otro y no la necesidad de tranquilizar mi conciencia o de ser importante para los que considero necesitados. 

Las prácticas cuaresmales sirven si nacen del amor y hacen crecer el amor, solo de esa manera aprendemos a salir de nosotros mismos.

Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman. Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica. Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames. Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes. Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? (Lc 6,27)

En un mundo gobernado por la ley del “sálvese quien pueda” y en el que se nos enseña en todo momento a competir y a buscar nuestra propia conveniencia, el Evangelio nos invita a salir de nuestro egoísmo y mirar hacia los demás sin esperar nada a cambio.

Aunque hemos oído estos textos muchas veces aun nos cuesta mucho entender hasta que punto ser cristiano implica vivir de una manera completamente diferente. Cuando la fe se convierte en vida la vida se transforma y es diferente. Si nuestra vida no se distingue de la de los que nos rodean aun no hemos entendido cual es la novedad del evangelio. La novedad consiste en el amor, en una actitud como la de Jesús.

Cuando nos hemos acostumbrado a escuchar la palabra de Dios distraídamente, cuando no nos sorprende ni nos emociona, cuando se instaló en nuestro corazón la sensación de que esos textos solo nos indican un ideal inalcanzable, entonces no estamos escuchando bien. 

La cuaresma es el tiempo para preguntarnos cómo escuchamos. No se trata de escuchar distraídamente como se escuchan palabras que ya fueron escuchadas infinidad de veces. Pero porqué escuchamos así, ¿solo porque estamos pensando en otra cosa? En algunos casos dejamos de prestar atención porque ya intentamos llevar a la vida eso que oímos pero siempre fracasamos en el intento. Entonces se instala en el corazón la sensación de que esos textos son solamente declaraciones de buenas intenciones pero poco útiles para la vida concreta. Si nos ocurre esto quiere decir que estamos escuchando mal. 

Las palabras de Jesús no son para tomarlas al pie de la letra sino para tomarlas en serio. No es lo mismo. Tomarlas en serio es dejarnos interpelar por ellas. No se trata de preguntarnos qué quieren decir sino a qué nos están invitando. Sus palabras no son indicaciones como las que encontramos en un manual de instrucciones, son invitaciones, caminos y puertas que se abren, invitaciones a recorrer cada uno el camino de Jesús de la manera que cada uno puede, con las fuerzas que cada uno tiene. Y lo que se puede hoy y las fuerzas que se tienen ahora no son las mismas que las de ayer o las del año pasado.

Hay que escuchar atentamente porque esa palabra que hoy se me dirige es nueva y me invita a algo nuevo. Nunca la escuché hoy, lo que está en mi memoria sobre ese texto es algo del pasado. El Evangelio es siempre una novedad. 

Esta cuaresma es la primera y la única que celebramos este año. La Pascua que estamos preparando tampoco la vivimos antes y no la volveremos a vivir. Abramos el corazón a escuchar por primera vez la voz de Jesús y a dejarnos conmover por ella.


Autor: jorgeoesterheld

Homilías, escritos y reflexiones

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