La serpiente y el comunicador

sonarconserpientes«En su mensaje a los comunicadores el Papa Francisco nos ha puesto en alerta: cerca nuestro, aquella serpiente que causó estragos en el paraíso de Adán y Eva se desliza silenciosamente. Como entonces, su misión es confundir, desorientar, romper la comunión. Quienes escribimos o comunicamos tenemos que estar atentos: para la serpiente somos una presa muy atractiva.»

Este artículo lo escribí a principios de 2018 y fue publicado en papel en la revista Vida Nueva, que se edita en España. Sigue teniendo la misma actualidad de entonces y ahora lo comparto en forma de audio.

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Los sospechosos de ahora

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«En ese mismo mundo secularizado en el que se había instalado como una verdad -obvia e indiscutible- la concepción de que la religión era un fenómeno en extinción que expresaba la ignorancia de épocas remotas, las religiones gozan hoy de una notable vitalidad, y las búsquedas espirituales son un fenómeno de dimensiones planetarias.»

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Una sorprendente alegría

images.jpegDOMINGO XXIV

Lc 15, 1-10

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Pero los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”.

Jesús les dijo entonces esta parábola: “Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido’.

Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse”.

Y les dijo también: “Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido’. Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte”.


La escena nos muestra a unos personajes oscuros que murmuran. Hablan en voz baja criticando la actitud del Maestro que se acerca a los pecadores. Señalan que “come con ellos”, es decir que comparte la vida familiar, que no solo se acerca por un momento para enseñarles algo y lograr que “retornen al buen camino” sino que pasa tiempo con ellos, come, se ríe, comparte anécdotas, comparte vida. Es eso lo que les resulta insoportable: tratarlos de igual a igual como si no fuera importante la vida que ellos llevan, como si diera lo mismo ser pecador que no serlo.

Se confunden. Para Jesús no es lo mismo. Sabe muy bien quienes son aquellos con los que está comiendo, sabe muy bien como viven y justamente está allí compartiendo con ellos porque lo sabe. Pero quiere enseñarles algo a los que están murmurando. No come con los pecadores para enseñar a los pecadores sino a los murmuradores, ellos son los destinatarios de las parábolas.

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Soplar sobre la herida

Fragmento de mi libro Soplar sobre la herida

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Capítulo dos

Puerto Argentino

El alojamiento era en una posada en la que había que compartir las habitaciones y éramos todos muy distintos. Personas completamente diferentes que teníamos que poner en común, por unos días, realidades muy profundas de nuestras vidas en un contexto extraño y cargado de significaciones. Eran más o menos las cuatro de la mañana y llegábamos silenciosos a esa pequeña ciudad de casas de colores. El cielo estaba lleno de nubes pero se notaba la luz, en ese confín de la tierra en verano casi no hay noche. El viento, siempre presente, nos seguía a todas partes.

Pese a las dificultades la actitud de todos fue excelente. Mi sensación era de sorpresa. Pensaba que la convivencia sería más difícil. Todavía no había aprendido algo que me enseñarían esos días: a distinguir para siempre en mi vida el sufrimiento de las quejas. Los que sufren en serio se quejan poco. Cuando se llega al lugar donde la guerra realmente estuvo y con personas en las que ese dolor aún vive, importan poco la falta de baño, la puerta rota, el espacio reducido. Los dueños del lugar fueron amables, para ellos tampoco era fácil. Los miedos sobre una recepción hostil seguían diluyéndose.

Apenas dormí un par de horas y salí a caminar. Serían las siete de la mañana, a las ocho había que desayunar y a las nueve salir hacia el cementerio de Darwin. Caminaba solo. En realidad estaba solo por primera vez después de muchísimo tiempo. Para ser sincero me parecía que hacía un siglo que no tenía un minuto de intimidad. Para mí son importantes los tiempos de soledad y estar siempre con gente me agobia un poco. No había un alma en la calle. Mucho viento y mucho frío. Instintivamente caminé hacia el mar que estaba a una cuadra. Tenía ganas de llorar y no sabía por qué. “Dios mío, ¿qué hago acá?”

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Nuevas palabras para la cercanía y la ternura -AUDIO-

imagesLa construcción de puentes en lugar de muros incluye la capacidad de generar palabras, lenguajes, signos, que sirvan para acercar a las personas, para reparar heridas. Quienes utilizan los medios de comunicación (y hoy casi todos lo hacemos) deberían destacarse por ser generadores de mensajes y pensamientos capaces de facilitar una mejor convivencia.

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¿Quiénes están cerca y quienes lejos? -AUDIO-

9_cercaCuando en la Iglesia hablamos de “acercarnos a los alejados”, sin darnos cuenta nos estamos ubicando en el centro y estamos poniendo a los que no son como nosotros en el margen ¿con qué derecho hacemos eso? ¿realmente somos “el centro” y los demás “la periferia”? Poner las cosas en esos términos lejos de facilitar el diálogo lo hace casi imposible.


 

Atreverse a confiar

DOMINGO XXIII

Lc 14, 25-33

Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo: “Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.

¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: ‘Este comenzó́ a edificar y no pudo terminar’.

¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil? Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz.

De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”.


Jesús se asombra cuando ve que lo sigue mucha gente. A diferencia de otros líderes que ante las multitudes que los siguen se entusiasman y alientan a sus partidarios mostrándoles las ventajas que tiene seguirlo y apoyar su causa, Jesús se sorprende y les advierte sobre las dificultades que los aguardan. En lugar de entusiasmarlos los invita a reflexionar, a calcular bien, a tomar en cuenta los riesgos. Seguir al Maestro implica un desafío y el Señor quiere que sus discípulos tengan claro que lo que él propone no es un camino fácil y llevadero.

Las condiciones que pone a quienes quieren ser sus discípulos parecen excesivas: hay que estar dispuesto a postergar a los padres, los hijos, los hermanos ¡y hasta la propia vida! ¿Qué clase de líder propone algo así? ¿acaso se trata de un fanático religioso, extremista y peligroso?

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Un tiempo para recoger piedras

 

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«Gobiernos de grandes naciones tambalean, el Amazonas se incendia, los océanos agitan montañas de plástico, multitudes emigran huyendo del hambre y las guerras … la lista de desasosiegos puede ser muy larga y la tentación de arrojar piedras puede ser muy fuerte. El individualismo desenfrenado que, hasta hace poco nos empujaba a unos contra otros incitándonos a ocupar los primeros lugares en la sociedad, ahora nos urge a ocupar los primeros lugares en los botes salvavidas.»

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Ídolos de ayer y de hoy -AUDIO-

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En la biblia cuando se habla de los ídolos se nos dice que tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen. En nuestro tiempo los ídolos, por el contrario ven y oyen. Las personas se aferran a ídolos del deporte, el espectáculo, la política … en todos los ámbitos hay quienes están ahí ofreciéndose como amuletos milagrosos. En esa búsqueda de seguridades hay quienes esperan que el Papa Francisco sea otro ídolo más, un portador de soluciones mágicas y no un pastor que abre caminos de crecimiento personal y comunitario.

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Primeros lugares

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DOMINGO XXII

Lc 14, 1. 7-14

Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente.

Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola: “Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú, y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: ‘Déjale el sitio’, y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar. Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: ‘Amigo, acércate más’, y así quedarás bien delante de todos los invitados. Porque todo el que se eleva será́ humillado, y el que se humilla será elevado”.

Después dijo al que lo había invitado: “Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos. ¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!”.


Jesús, que está siempre con los más pobres, va a comer a la casa de un importante fariseo. Allí se encuentra con una pobreza difícil de observar a primera vista: la pobreza de aquellos que están atrapados en las formalidades sociales y permanentemente luchan por ocupar los primeros puestos. La pobreza de aquellos que sienten que son algo sólo cuando se comparan con otros.

Cuando Jesús dice que es mejor ocupar el último lugar no sólo está dando un consejo práctico, también está mostrando lo que Él hace. Desde el pesebre hasta la Cruz vemos al Señor siempre en el último sitio. Jamás veremos en el Señor esos gestos prepotentes de quienes quieren imponerse a los demás. Es, también, lo que hace con nosotros: nunca se impone a nuestra voluntad, siempre respeta el camino que elegimos, incluso aunque esa decisión no sea buena. Nos advierte ante el mal y nos dice qué es lo que espera de nosotros, pero no nos empuja, no condiciona nuestra libertad.

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