La Pastoral de la Comunicación y el fenómeno del clericalismo

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«Si hacia adentro de la comunidad eclesial se establece una comunicación enferma de secretismos y manipulaciones (clericalismo), la comunicación con la sociedad padecerá esos mismos males. Si se logra una comunicación transparente en las comunidades la presencia en la sociedad también será igualmente clara y la evangelización eficaz».

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Hablar y escuchar sin prejuicios

LA NACION | Opinión

«Las instituciones religiosas ya no pueden representar aquel papel que las sociedades les atribuyeron, o que ellas mismas se adjudicaron, de ser las conciencias de los pueblos o supuestas «reservas morales». Nadie puede ni debe pretender ocupar ese lugar, pero eso no implica que las instituciones religiosas carezcan de un papel por desempeñar.»

Jorge Oesterheld – José Ignacio Lopez

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El traje de fiesta

Imagen 1.pngMt 22, 1-14

Jesús les habló otra vez en parábolas, diciendo: «El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir… (entonces) dijo a sus servidores: “El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren … buenos y malos”. Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.

Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. “Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?”. El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: “Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes”.  Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos».


El Reino de los Cielos se parece a un rey que invita a una fiesta. La parábola no dice que se parece a un general que convoca a una batalla, ni a un maestro que llama a una clase, ni a una institución que organiza un congreso, ni a un político que llama a una marcha. La invitación es a una fiesta, un momento de compartir gratuito y alegre, de buena comida, cantos, baile, amigos. A eso estamos invitados por Dios. Y tampoco es una invitación para después, para el “más allá”; estamos invitados hoy mismo a una fiesta.

Pero la invitación es rechazada. En la parábola, y también ahora, por diferentes motivos hay invitados que no van a la fiesta.

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He venido a traer fuego

fire-bowl-1397855_960_720Domingo XX

 Lc 12, 49-53

 Jesús dijo a sus discípulos: “Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente! ¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”.


Jesús en algunas oportunidades se expresa a través de parábolas y en otras utiliza metáforas. Las parábolas son narraciones breves que contienen alguna enseñanza o algún mensaje; las metáforas son figuras con las cuales se expresan ideas o conceptos que tienen alguna semejanza con esa imagen que se utiliza. El Señor utiliza habitualmente estos recursos porque lo que quiere transmitir va más allá de las palabras, no hay palabras capaces de transmitir fielmente sus mensajes. Esto implica de parte nuestra un constante esfuerzo de interpretación de esos signos que el Maestro utiliza.

En el texto que la liturgia nos propone hoy el Señor utiliza metáforas, en primer lugar la imagen del fuego, luego la del bautismo y finalmente la imagen de la familia dividida. Ninguna de las tres debemos leerlas literalmente sino como lo que son: metáforas que encierran un mensaje.

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Asunción de María

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Feliz por haber creído

Lc 1, 39-56

Durante su embarazo, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá́. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Apenas ésta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su vientre, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi vientre. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor”.

María dijo entonces: “Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre los que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono, y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia –como lo había prometido a nuestros padres– en favor de Abraham y de su descendencia para siempre”. María permaneció con Isabel unos tres meses, y luego regresó a su casa


Al recibir la visita del ángel María respondió diciendo SÍ a algo que superaba todo lo imaginable. Primero preguntó cómo podía ser eso y ante la respuesta del ángel, “nada es imposible para Dios”, ella acepta el misterio que se le presenta. Allí comienza una larga vida de avanzar de misterio en misterio confiando en ese Dios ante el cual solo es posible primero preguntar, luego decir que sí y finalmente “guardar en el corazón” durante el camino de la vida aquello que no se entiende ni hay por qué entender.

Por eso María es feliz, “por haber creído”. ¿En eso consiste la felicidad? ¿en aceptar lo incomprensible? ¿en no hacerse preguntas? ¿en resignarse ante la dificultad y vivir de fantasías? ¿eso es la fe? Ciertamente no. María no renuncia a pensar y procurar entender, pregunta cómo puede ser eso y seguramente no lo preguntó solo ese día sino que toda su vida fue un constante preguntarse ¿cómo puede ser? Eso es “guardar en el corazón”, eso es no vivir superficialmente, ese es el primer paso para tener fe, para ser feliz y vivir una vida plena.

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